Di Stefano: Bastante más que un gran deportista |
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Escrito por el lunes, 18 de febrero de 2008 (Ha sido leído 1983 veces) Hace un tiempo, en Sevilla, cuando me dirigía en un taxi hacia el aeropuerto, pasamos frente al estadio del club Betis. “Recuerdo – me dijo el taxista – que, cuando yo era un niño mi padre me trajo a este campo a ver a nuestro equipo contra el Real Madrid. ¡A pesar de que vinieron con Di Stéfano, les hemos plantado cara y hemos empatado!”. Cuatro décadas después, este hombre conservaba en su memoria esta pequeña hazaña deportiva. Porque, efectivamente, en aquella época jugarle de igual a igual al Real Madrid era un éxito aunque sólo se lograra un empate en cancha propia. Recordar puntualmente las hazañas deportivas que el club y la selección española realizaron con la participación estelar de este hombre sería largo y no es necesario porque son bien conocidas. Ya era una estrella cuando vino a España y su contratación provocó una ardua puja entre los dos grandes rivales, Madrid y Barcelona. Con su participación el Real Madrid obtuvo 10 campeonatos de liga sobre 12 (en ocasiones, se consagraba campeón cuando faltaban varias semanas para terminar el torneo) y ¡5 Copas de Campeones consecutivas!. Un record realmente impresionante pero que no explica por sí solo la devoción que hay en España por Alfredo Di Stéfano a quien se considera entre los más grandes deportistas de todos los tiempos. Di Stéfano comenzó a jugar en el Real Madrid en 1953 y su época dorada se extendió durante poco más de una década, hasta 1964, retirándose dos años después. España sufría en aquellos tiempos el terrible yugo de la dictadura de Franco y se reponía lentamente de la total devastación que significó la Guerra Civil. Eran épocas de hambre y de miseria que la excelente serie de TVE presenta de manera muy edulcorada. Con decenas de miles de presos en cárceles y campos de concentración, los fusilamientos eran frecuentes. Las familias españolas (más numerosas que ahora) se hacinaban en departamentos de 40, 50 o 60 metros cuadrados, que en ocasiones compartían entre dos. España ya había sido reconocida por las Naciones Unidas pero era un país aislado internacionalmente. Los hombres y las mujeres emigraban masivamente a Europa o América para trabajar como peones o servir en las casas. Los triunfos deportivos frente a equipos extranjeros eran una fuente de alegría en aquellos duros momentos. Saber que un país hundido contaba con uno de los mejores equipos de fútbol del mundo suponía un orgullo nacional y favorecía la autoestima que toda nación necesita. Las grandes jugadas de Di Stéfano eran la parte dorada de un cuadro gris. Estos días ha vuelto a ocupar las primeras planas de la noticia cuando, próximo a cumplir 82 años, le han entregado el premio Presidente de la UEFA (17-02-08). Futbolistas famosos, dirigentes y periodistas le dedicaron grandes elogios destacando no sólo su grandeza como deportista sino también su calidad humana. Por todo ello Di Stéfano ha realizado una aportación importante al prestigio de Argentina. Hombre parco en palabras y de conducta ejemplar tanto personal como deportiva (jamás fue acusado de meter goles con la mano) es lo opuesto de algún otro, quizá más famoso pero del que más vale no acordarse. Es larga la polémica de hasta qué punto se utiliza el deporte – y notoriamente el fútbol – con finalidades políticas. Creo que eso es indudable tanto antes como ahora y, en el caso del Real Madrid, “el equipo del régimen”, parece notorio: Santiago Bernabeu, su mítico presidente en aquellos tiempos, era un falangista de pistola al cinto. Seguramente, su devoción por el club era paralela a la que sentía por la dictadura de Franco. Pero los futbolistas no tenían que ver con eso: eran trabajadores (muy bien pagados en este caso) que se limitaban a realizar la tarea para la que habían sido contratados. Di Stéfano, un hombre que nunca ha hecho declaraciones políticas, así lo ha explicado: “yo no jugaba para Franco, jugaba para el público”. Y ese público, una generación de españoles y españolas, lo recuerda en esta etapa final de su vida con emoción y agradecimiento. Más artículos de la categoría Contribuciones |





