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El Papa y Michael Jackson

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Escrito por Luis Caro Figueroa, el jueves, 21 de febrero de 2008 (Ha sido leído 3827 veces)
Un amigo mío -potencial suicida- se empeñaba en hacerme ver la trágica contradicción lingüística existente entre las acciones de "caer al vacío" e "impactar de lleno". Nunca supe si mi amigo era de aquellos semioptimistas que ven el vaso siempre medio lleno o si, por el contrario, pertenecía al bando de los semipesimistas, que lo ven medio vacío.

Michael Jackson
Michael Jackson
Lo que sé es que el optimismo a ultranza, más que una cualidad es una enfermedad preocupante.

Y si no, que se lo pregunten a aquel "experto en seguridad" del gobierno de Roberto Romero, a quien algún "optimista" le encargó nada menos que la tarea de diseñar el operativo de seguridad para la visita que efectuaría a Salta, en abril de 1987, el papa Juan Pablo II.

Como muchos otros, aquel "experto" había sido acogido con los brazos abiertos en las filas del romerismo, tras haber pertenecido a la triunfante Lista Amarilla. Su pasado inmediato nunca fue un óbice para su plena integración en los círculos más cercanos al poder, que por entonces sólo exigían un rápido examen de conversión y una reverencia casi religiosa al "nuevo líder", previa admisión de que Él encarnaba y encarnó siempre el tan disputado "peronismo histórico".

El "experto" había forjado su experiencia en materia de seguridad en terrenos bastante resbaladizos, como aquel famoso palco erigido en las proximidades de Ezeiza, el trágico 20 de junio de 1973, y poco más tarde, al comando de una flota de autobuses de segunda mano. Sus pergaminos eran, no obstante, más que suficientes para que su nuevo jefe le confiara la seguridad de todos sus actos públicos en barrios y villas de Salta.

Hasta que le tocó enfrentarse con la visita del Sumo Pontífice, algo que excitó a nuestro experto hasta límites insospechados. Tan conectado estaba con este proyecto de seguridad, que incluso estuvo tentado de rescatar del ostracismo a las antiguas "brigadas eucarísticas", aquellas a las que durante el Congreso Eucarístico de 1973 se les prometió que "portarían armas" y al final sus integrantes fueron destinados a sujetar la soga en el Monumento.

Tan confiado estaba el experto en la infalibilidad de su plan para proteger al Pontífice de cualquier riesgo, que con suma alegría lo presentó "a la superioridad". Claro está que no contaba con el pequeño detalle de que su plan sería sometido a consideración del Nuncio, quien, con buen criterio, decidió archivar aquel mamarracho de inmediato y relevar al experto de sus tareas de coordinación de seguridad del acto.

Claro que la historia no termina aquí: Cuando el desplazado experto se enteró de la desautorización apostólica (que, para mayor gravedad, fue pronunciada urbi et orbi) y conoció los detalles del nuevo plan, que incluía precauciones relacionadas con un eventual ataque con armas nucleares, se dirigió indignado al subsecretario del área, a quien increpó diciendo en referencia al Papa: "¿Pero quién se cree este cura que es? ¿Michael Jackson?"

Así funcionaban las cosas entonces. Por eso cuando leo en la prensa de hoy que el operativo de seguridad para la visita de la presidenta Kirchner a Salta incluye el envío de dos completas ambulancias medicalizadas "procedentes de Jujuy", me da la sensación de que no hemos avanzado mucho. Si hubieran procedido de Houston, tal vez. Pero se pensó que era mejor traerlas de Jujuy; no vaya a ser cosa que alguien diga: "¿Quién se cree esta mina que es? ¿Amy Winehouse?"


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