El popular Frangollito de Salta

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Escrito por Iruya.com, el viernes, 27 de febrero de 2004 (Ha sido leído 6988 veces)
Arturo Viggiani era el nombre real del que fuera el más grande animador de bailes y fiestas populares que hubo en Salta. El nombre artístico de Frangollo, que le acompañó durante su larga trayectoria sobre los escenarios salteños, era herencia de su padre -conocido como el cabo Frangollo- un destacado instrumentista en la banda de música de la Policía de Salta a principios del siglo XX.

FrangolloFrangollito, el hijo, forjó su leyenda a golpe de micrófono sobre los enclenques escenarios de las carpas de carnaval y las no menos inestables tribunas políticas que, desafiando la adversidad y la mordaza del autoritarismo, montaba el Partido Peronista en las duras épocas de las proscripción y el ostracismo.

La voz argentina de Frangollo, siempre atildada y potente, era el reclamo perfecto para convocar a las masas a aventurarse en conquistas tan atrevidas y dispares como una chacarera amorosa, un gato con relaciones o una revolución obrera. Lo mismo daba. Su excelente prosodia, su verbo fluido y enérgico eran capaces de conmover hasta las piedras.

Frangollo era un espectáculo en si mismo y a menudo sus discursos eran seguidos con más interés y rematados con más aplausos que los números musicales o las figuras políticas a las que presentaba. No por ello el popular animador perdía la compostura y -lo que es más importante- conservaba siempre su proverbial humildad.

Corría el año 1974 cuando uno de esos personajes que nunca faltan en Salta se presentó en la redacción del antiguo diario Norte, ubicada en la calle Güemes al 400, para relatar a los periodistas que había visto a Frangollo tendido en un baldío de las proximidades de la calle Esteco, sin pulso, sin respiración, sin, en definitiva, ningún signo de vida.

La noticia del deceso del popular animador cayó como una bomba en aquella redacción, hasta el punto de que al día siguiente el Norte publicaría una sentida nota necrológica, a varias columnas, destacando las cualidades humanas del fallecido y su compromiso inquebrantable con las causas populares.

La verdadera bomba, sin embargo, estallaría un par de días después.

Sucedió cuando en la propia redacción del diario, quienes allí trabajaban se quedaron boquiabiertos frente al espectáculo de un hombre menudo que gritaba a todo pulmón, con voz inconfundible: "¡No estoy muerto! ¡No estoy muerto!".

Era el mismísimo Frangollo, o su fantasma, el que al tiempo que daba voces y gesticulaba furiosamente entre los escritorios, exigía que el diario informara a sus lectores que seguía con vida y era falsa la noticia de su fallecimiento.

Su monumental enfado obedecía no tanto a los póstumos elogios vertidos en su obituario sino más bien al tenor de la crónica policial que, sólo unas páginas antes, daba cuenta de su muerte. En el caso de Frangollo, aquella íntima y morbosa conexión entre los sucesos policiales y las esquelas mortuorias se revelaba a los lectores con estas palabras:

"Un muerto. Días pasados fue encontrado sin vida en un baldío de esta ciudad un hombre de modestas condiciones que durante mucho tiempo trabajó como animador de bailes públicos, especialmente durante los carnavales. Se trata de Arturo Viggiani (a) "Frangollo" de unos 45 años; también solía actuar como locutor en mitines políticos que se realizaban en esta ciudad. "Frangollo" murió al parecer congelado a consecuencia de las bajas temperturas que se viene registrando desde hace unos días en nuestra ciudad."

La alocada protesta de Frangollo terminó alcanzando sus objetivos. Los desconcertados periodistas no pudieron menos que acceder a la rectificación solicitada por el interesado, ya que estaba sustentada en evidencias poco menos que incontestables, si bien no alcanzaba la finura con que Mark Twain respondió en su día a una anticipada necrológica suya ("Estoy en posición de asegurarle que se trata de una exageración").

Al día siguiente el Norte se agotó en los kioscos. El matutino sacudió el tranquilo amanecer provinciano con un titular de catástrofe que decía: "No estoy muerto, dijo un hombre en este diario".

Otro diario salteño, el desaparecido Intransigente -al que también había acudido Frangollo en busca de una reparación moral- publicaba: "No estoy muerto señor periodista, se lo puedo asegurar", dijo a El Intransigente el señor Arturo Viggiani, ante la consternación del equipo de readacción. "Claro -expresó- resulta que yo aparezco en la crónica policial de un diario local, como muerto. Se dice en el artículo -prosiguió- que he fallecido por congelamiento y que he sido encontrado tirado en un baldío. Luego señaló: "me califican como alias el Frangollo, en circunstancias de que no soy un delincuente y que no tengo antecedentes penales. Lo cierto es que me apodan "el popular Frangollo", porque soy animador de espectáculos públicos y de bailes y mi padre era un conocido hombre salteño, llamado el "cabo Frangollo". Más adelante agregó que "lo cierto es que una vez me encontraron tirado; pero fue en razón que me habían patoteado. Estuve internado, pero ya me dieron de alta". Acto seguido, Viggiani se levantó de su asiento y expresó a un cronista "espero que saquen la aclaración de que no estoy muerto" y se retiró apoyándose en dos bastones, que los utiliza desde que salió del hospital."

Frangollo al comando de un misachico
Frangollo al comando de un misachico
Frangollo relató posteriormente a la prensa que un par de noches antes de su falso macabro hallazgo en un baldío, había sido objeto de una "agresión patoteril" (sic) a la salida de un baile público, y que la golpiza propinada le había dejado inconsciente por un espacio de tiempo que no era capaz de determinar. De allí que comprendiera perfectamente que algún transeúnte poco avisado le hubiera confundido con un cadáver. Con auténtica sangre fría el animador contaba a sus todavía pasmados interlocutores que además de hallarse inmóvil, en un falso rigor mortis a causa del frío de la madrugada, su rostro presentaba golpes y escoriaciones que él atribuía al ensañamiento de sus agresores, mientras que sus ropas estaban impregnadas de algún fluido corpóreo que podía inducir a cualquiera a pensar que no sólo era cadáver sino que se encontraba, incluso, en trance de descomposición.

Pero la vitalidad de Frangollo en aquel momento era tal, que poco importaban ya las circunstancias que explicaban su moribunda presencia en aquel baldío. La noticia en cualquier caso era su recuperación para la causa y así lo destacaría el mismo diario que tan solo dos días antes le había rendido un sentido homenaje por su fallecimiento.

La noticia del falso muerto tuvo tanta repercusión en aquellas épocas, que el porteño diario La Razón, en su sexta edición de la tarde, aquella de tono vagamente sensacionalista, reprodujo la nota del Norte, elevando a Frangollo a la categoría de personaje nacional. Sólo le faltó aparecer en el "Así" sepia.

La dictadura militar y la crisis económica apagarían lentamente la estrella de Frangollito. El regreso del peronismo a las catacumbas y la creciente devaluación de las carnestolendas salteñas a manos de inescrupulosos propietarios de grandes superficies bailables, confinaron a Frangollo a un retiro místico en el que no faltó su puntual asistencia a los misachicos, que animaba con salmos y cánticos, haciendo gala de un fervor religioso digno de encomio.

Años más tarde, el popular animador fallecería -esta vez de verdad- en el hospital San Bernardo, aquejado de una grave dolencia respiratoria. Quizá por precaución, para evitar una nueva metedura de pata, los diarios guardaron en esta ocasión un respetuoso silencio.

A treinta años de que Frangollo casi se durmiese por primera vez en la paz del Señor, nosotros queremos rendir el homenaje póstumo que su singular personalidad sin dudas merecía y que el destino se encargó de adelantarle en vida, a causa de un pequeño error periodístico.


"La Razón", por su parte dijo: Desmiente un hombre noticias que decían que había fallecido. Salta- Un hecho poco común se registró en la redacción de un matutino local donde se presentó un ciudadano para aclarar que no había fallecido. La presunta víctima, Arturo Viggiani, había estado internado en un nosocomio reponiéndose de lesiones que le provocara un grupo de desconocidos que integraba una patota. Erróneamente se publicó en un diario local que había fallecido, sindicándosele como un conocido malviviente. Viggini ofendido aclaró que continúa con vida, que actúa en números cómicos y es hijo del extinto cabo Viggiani, quien fue popularmente conocido como el "cabo Frangollo" en la década de los años 20, cuando prestaba servicios en el cuerpo de policía provincial.

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