Montaldi lucha contra molinos de viento |
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Escrito por el sábado, 18 de noviembre de 2006 (Ha sido leído 3588 veces) Desde que el mes pasado la Secretaría de Seguridad de la Provincia suscribiera un convenio con la Autoridad Metropolitana de Transporte para encomendar a la Policía de Salta el control del llamado "transporte irregular", las relaciones entre el área municipal capitalina de Tránsito y la Policía provincial no han vuelto a ser las mismas. Tan pronto como los "azules" comenzaron a realizar los controles, se alzó la potente voz del Director de Tránsito, Gerardo Montaldi, para acusar al comisario Mamaní -responsable del área de Seguridad Vial- de "embarrar la cancha" (debió haber dicho "embarrar el canchón" para utilizar un término muy caro a los sentimientos municipales). En la misma declaración Montaldi afirmaba que no tenía dudas de que el convenio -considerado por los municipales como conculcatorio de sus competencias- era producto de "internas entre Tránsito y Seguridad Vial de la Policía". Con posterioridad a estas declaraciones, se produjeron dos curiosos episodios que, en principio, no guardarían más que una relación casual con aquel cruce de declaraciones. El primero, la detención por parte de la Policía de un inspector municipal de Tránsito que se hallaba dirigiendo el tráfico en estado de ebriedad. El segundo, más reciente, consistió en un operativo llevado a cabo por los inspectores de Tránsito que culminó con el hallazgo de un agente de policía en actividad conduciendo un remise ilegal. Pero no sólo en esto se enfrentan los estilos de ambas fuerzas de seguridad. Se sabe que Montaldi salió en defensa del agente ebrio poniendo de relieve que sus problemas con la bebida constituían una grave enfermedad de la que el afectado pugnaba por recuperarse. Al contrario, el secretario de Seguridad Ferraris, ya anticipó que el policía que conducía el remise ilegal será cesado sin miramientos. En definitiva, dos formas muy diferentes de ver los mismos problemas. Por un lado, el "humanitario" Montaldi, que no consideró muy diferente la situación de su agente de la de otros funcionarios públicos que ejercen su tarea bajo los efectos de alguna bebida o sustancia; por el otro, Ferraris, para quien, al parecer, los funcionarios públicos que son descubiertos en el ejercicio de actividades ilegales ajenas a su cargo deben ser fulminantemente cesados. Cabría preguntarse si el riguroso celo del funcionario le llevaría a aplicar la misma vara de medir cuando se trata de funcionarios con rango superior al de un simple agente de policía. Más artículos de la categoría Municipales |






