¿Fue Olivio Ríos un burócrata sindical?

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Escrito por Armando Caro Figueroa, el viernes, 30 de mayo de 2008 (Ha sido leído 992 veces)
La rica historia del movimiento obrero salteño, aún no escrita, es uno de los territorios donde, por extraño que parezca, se verifica la lucha política contemporánea. Asistimos hoy al auge de posiciones maniqueístas que dividen a los sindicatos actuantes en los años 60 y 70 entre correctos (clasistas y montoneros) e incorrectos (burócratas peronistas).

1. Una tesis errónea (1)

Olivio Ríos
Olivio Ríos
1.1 El pensamiento hoy oficial difunde, en bares y parrilladas, la especie de que el movimiento obrero salteño, hacia 1962 y tras los programas de Huerta Grande y La Falta, agotó su impulso revolucionario burocratizándose y poniéndose al servicio de la patronal y de las dictaduras de turno.

Esta corriente de opinión ágrafa e indocumentada, que ha calado en ciertos medios universitarios locales sin adquirir por ello solidez científica, completa su razonamiento con dos aseveraciones temerarias que son fruto de la ideologización del análisis y de la traslación a Salta de ciertas hipótesis si acaso válidas en el orden nacional:

a) La CGT de Salta, entre 1963 y (al menos) 1976, fue un conglomerado de señores obesos, corruptos, ausentistas (2) y amarillos;

b) Esta trayectoria ignominiosa fue quebrada parcialmente, hacia 1966, por la “CGT clasista”, y fulminada por la aparición súbita y victoriosa de la Juventud Trabajadora Peronista (JTP), una colateral de “montoneros”.

Según esta tesis, la clase trabajadora salteña respiró libertad, progreso y bienestar sólo cuando irrumpieron “clasistas” y “montoneros”. Fuerzas que, además, fueron las hacedoras del triunfo electoral de la fórmula Ragone-Ríos, verificado ante la pasividad de la burocracia sindical y política.

La prueba del nueve de esta trayectoria ignominiosa se encontraría, siempre según esta tendencia, en el “verticalismo” de la CGT de Salta, en su resistencia al avance de la revolución que venía de la mano de los “montoneros”, y en la decisión del Vicegobernador Olivio Ríos de relevar al Jefe de Policía en 1974.

1.2 El libro “Salta montonera” (desde varios puntos de vista, encomiable, y al que me dedicado una nota anterior), adopta algunos de aquellos puntos de vista, que no todos, lo que da como resultado una visión de la historia del movimiento obrero salteño durante el período 1972/1976 que me atrevería a calificar de sesgada.

Bien es verdad que hay en el libro un esfuerzo de investigación y un andamiaje intelectual e ideológico del que carece el antes llamado “pensamiento oficial”.

No obstante llama mi atención el injusto tratamiento que el libro citado dispensa a la historia salteña de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE), sindicato al que pertenece el autor y que, durante los años 60 y 70, actuó dentro de la corriente liderada por Olivio Ríos de la mano de dirigentes como José Evaristo Contreras y Andrés Úsqueda  (3).

En determinados pasajes de “Salta montonera” he creído advertir un tratamiento de las “62 Organizaciones” que no distingue (al menos no lo suficiente) las severas diferencias que separaron, durante todo el período, a las dos corrientes sindicales que utilizaron el mismo nombre: Una liderada por Olivio Ríos (Telefónicos), y otra aglutinada alrededor de la Unión Obrera Metalúrgica (Mario Amelunge).

Los anclajes político-partidarios de ambos agrupamientos fueron también distintos: Mientras Olivio Ríos mantuvo amplias y constantes coincidencias con el espacio “Coalición del Interior – Reconquista”, Mario Amelunge apoyó a la “Lista Azul y Blanca” y encontró una suerte de mentor político en la figura de Horacio Bravo Herrera.

Aunque hubo momentos donde ambas corrientes coexistieron bajo una misma dirección, fueron más las ocasiones en las que actuaron divididos. En cualquier caso, las diferencias de idearios, de estilos y de plataformas estuvieron siempre presente y fueron notorias.

Así sucedió en el decenio que comienza en 1962, durante el proceso de reorganización del PJ (1972), en el Congreso de este Partido (1972), en la campaña electoral (1973), en el enfrentamiento con el Gobernador Ragone (1974) y frente a las subsiguientes intervenciones federales (1975/76), por poner ejemplos centrados en los momentos más significativos de la historia política local.

2. Una larga relación de amistad y compañerismo

Desmintiendo al tango, me atrevería a sostener que quince años son muchos años en la vida de una persona, y que son muchísimos cuando miden el tiempo de coincidencias políticas; al menos en Salta, tierra de lealtades sucesivas, de súbitos enconos y de pasajeras amistades cívicas.

Pues ése es, años más o menos, el tiempo que duró mi amistad personal y mis coincidencias políticas con don Olivio Ríos, hasta que mi exilio primero y su muerte después interrumpieron una relación construida a partir de valores compartidos.

Las coincidencias a las que me refiero respetaron siempre las diferencias de edad y de rango político. Cuando en 1964 llegué a Salta siendo un abogado recién recibido y marcado por mi experiencia en la izquierda reformista universitaria, don Olivio Ríos era ya un fogueado líder sindical peronista, además de un señor con todas las letras.

Los párrafos anteriores no pretenden sino advertir al lector que escribo seguramente influido por mi condición de amigo, de admirador y de compañero del líder que marcó no menos de 30 años de la conflictiva, peligrosa y difícil vida sindical salteña.

3. Los inicios juveniles

Olivio Ríos, nacido en 1911 en la Provincia de Entre Ríos, frecuentó en su primera juventud las ideas socialistas, actúo desde muy temprano tanto en el sindicalismo salteño a partir de su condición de trabajador de la empresa telefónica de capitales suecos, como en la política local.

En 1946 fue elegido miembro del Colegio Electoral que habría de consagrar la fórmula Perón – Quijano, a la par que desempeñaba su primer mandato como Secretario General de la CGT (4). Fue también diputado provincial (1952/1955), miembro de la paritaria de FOETRA y Secretario nacional de Relaciones Gremiales de esta Federación.

Si bien en 1949 había dejado esta Secretaría General en manos de otro dirigente telefónico, tuvo activa participación en la sangrienta huelga que terminó derrocando al entonces Gobernador de la Provincia el doctor Lucio Cornejo Linares quién, tras ordenar reprimir a los manifestantes, no logró apoyos suficientes de parte del Gobierno nacional.

Sufrió cárceles (Caseros, Modelo de Salta, Río Gallegos) y torturas, fue perseguido por su condición de peronista y, cuando pudo, se sumó a quienes, desde la clandestinidad, resistían a la dictadura cívico-militar que actuaba con el paradójico nombre de Revolución Libertadora.

4. Un líder honrado, tenaz y combativo

A comienzos de los años 60, prestigiado por su honradez, su capacidad política y su trayectoria marcada por la lealtad a Perón y a los principios peronistas, fue elegido como compañero de fórmula de don Dante Lovaglio por el Partido Laborista que expresaba al peronismo proscripto y que sufrió las consecuencias de las maniobras que, desde el Gobierno presidido por Arturo Frondizi, se pergeñaron para impedir el acceso de los peronistas a las magistraturas provinciales.

Por supuesto que mis primeros contactos con Olivio fueron facilitados por mi padre que había compartido con él prisiones, sufrimientos e ilusiones. Pero mis relaciones mas estrechas nacieron con la mediación de Sergio Serrano Espelta y Pedro González, sus amigos y asesores.

En 1963, Olivio Ríos, que integraba la conducción nacional de la combativa FOETRA dentro de la línea que reconocía a Julio Guillén como su líder, es reelecto como Secretario General de la CGT de Salta que, como todo el peronismo, acababa de sufrir la fraudulenta anulación del triunfo de la candidatura peronista Dante Lovaglio – Tomás Ryan.

Por ese entonces, la CGT de Salta despliega un Plan de Lucha, convoca a un Cabildo Abierto y acompaña las acciones de los obreros metalúrgicos (Capobianco, MAR-HEL, Briones), ceramistas, municipales y petroleros, entre otros que resisten la política económica de un Gobierno, presidido por el doctor Arturo Illia, al que consideran viciado por la proscripción del peronismo.

En el terreno político, Olivio Ríos y la sólida corriente sindical que lideraba se oponen a las maniobras de cooptación desplegadas por el Gobernador Ricardo J. Durand de extracción neo-peronista. En realidad, Ricardo Durand, por debajo de sus gestos populistas y de su arraigo en ciertos segmentos de tradición peronista, era el representante de los intereses económicos más poderosos y dinámicos con implantación en Salta.

Si sus colegas nacionales, con Augusto T. Vandor a la cabeza, mantenían estrechos lazos con la dictadura militar de Juan Carlos Onganía, la CGT de Salta conducida por Olivio Ríos no asistió nunca a los actos oficiales, y ya en 1968, con motivo del segundo aniversario del golpe de 1966, convocó actos de protestas en la ciudad de Salta que se saldaron con presos y heridos.

Es que Olivio Ríos y la mayoría del movimiento obrero salteño habían decidido sumarse a la experiencia contestataria y reivindicativa que representó la CGT de los Argentinos y su líder Raimundo Ongaro.

Desde entonces, la CGT de Salta estuvo al frente de la resistencia a la dictadura. En 1969 el depuesto Presidente de la República Arturo Illia es recibido por Olivio Ríos en el histórico local obrero de la calle Buenos Aires, y mantienen un diálogo cargado de autocríticas recíprocas en un gesto que honra a ambos dirigentes que se habían enfrentado en los comienzos de los años sesenta.

El primero de mayo de ese año, la CGT de Salta convoca actos de protesta que son reprimidos por la policía y amparados por la Justicia. La bárbara carga golpea a Olivio Ríos (que estaba al frente de la manifestación) quebrándole un brazo.

En julio de 1969 son detenidos Farat Sire Salim, Santos Jacinto Dávalos, Justo Suárez, Mario Falco y Pedro Rueda quienes se declaran en huelga de hambre y reciben la visita solidaria de Olivio Ríos.

Por ese tiempo se suceden las detenciones, los allanamientos, las torturas y los recursos de amparo que son admitidos por varios jueces provinciales de envidiable valor cívico. Uno de ellos, el doctor Roberto Frías, llega a declarar inconstitucionales a los tribunales de guerra y, apersonándose en el edificio de la Policía Federal, libera “por las bravas” a un preso político.

Es probable que ese recurso de amparo, como otros muchos, contara con el patrocinio abierto o implícito de la CGT de Salta y, por supuesto de Olivio Ríos.

Cuando Ongaro visitó Salta, Olivio y el peronismo que resistía a la dictadura se trasladaron a Metán y desde allí, con los auspicios de Carlos Caro, marcharon hacia la ciudad capital, en donde Raimundo Ongaro habló en la tribuna del Club Universitario.

Es oportuno destacar aquí que, en rigor de verdad, por ese entonces varios de los salteños que con el andar del tiempo habrían de formar en las primeras filas de “montoneros”, simpatizaban con el régimen militar de entonces, al menos hasta la pueblada de Animaná.

5. El diario “Democracia”

Este largo ciclo de coincidencias alumbró la operación que habría de culminar en la experiencia del diario Democracia en 1970.

Como he relatado en otras oportunidades, en ese año un grupo de intelectuales (no todos peronistas) junto con un grupo de sindicalistas con Olivio Ríos y Félix Maldonado Zubieta (SMATA) a la cabeza, desembarcamos en el antiguo diario radical “El Intransigente” dispuestos a convertirlo en una tribuna de opinión a favor de la libertad y en contra de la dictadura.

Para lograrlo, ambos grupos llegaron a un acuerdo con el sector durandista (Florencio Elías y Roberto Isa), propietario de un tercio de las acciones, que aceptaron ceder a aquella singular alianza obrero-intelectual, por llamarla de alguna manera, la dirección político-periodista del diario que pasaría llamarse Democracia.

Una de las razones no escritas pero evidentes que nos movieron a lanzar el diario “Democracia” fue la de enfrentar al monopolio de prensa (y todo lo que él representaba como un factor de poder económico) que había logrado consolidar el señor Roberto Romero, tras la confiscación de los bienes del Partido Peronista y las ulteriores maniobras contra sus primitivos socios.

En un acto de suprema audacia, decidimos enfrentarlo en su propio terreno (mejo dicho, en uno de sus terrenos) advirtiendo de los peligros que para el pluralismo representaba la concentración de poder en manos de quién no trepidaba en asociarse con cualquier que ofreciera buenos negocios, incluido algún miembro del alto mando naval.

Las luchas de los canillitas, que acarrearon la extraña muerte del secretario general del sindicato, fue otro de los motivos que movieron a Olivio Ríos a protagonizar la corta experiencia de Democracia.

Acerca de la orientación del periódico, de sus aciertos y errores, poco hay que decir pues sus casi 150 entregas están en las hemerotecas dispuestas al juicio histórico.

6. Una sólida corriente peronista, democrática y no violenta

Desalojados por el sector durandista, las coincidencias entre quienes inmediatamente después formaríamos la Agrupación Reconquista y los sindicalistas liderados por Olivio Ríos no harían sino profundizarse con el paso del tiempo.

Juntos enfrentamos a la dictadura de Lanusse. Juntos bregamos por el retorno del General Perón y de la democracia. Juntos acompañamos la reorganización del peronismo salteño y facilitamos la concreción de la “lista única” reclamada por el General Perón. Juntos maniobramos para conseguir una fórmula representativa y pactamos con la Lista Verde las candidaturas a legisladores.

Juntos también rechazamos la rebelión “montonera” contra el General Perón y las instituciones, y repudiamos los actos de terrorismo criminal que esta organización autoproclamada peronista ejecutó en tiempos de aquella débil, vacilante y pobre democracia.

Demás está decir que, a esas alturas, no pretendo santificar aquellas posiciones compartidas ni sugerir que fueron siempre las correctas. Pretendo, mas bien, advertir contra las simplificaciones que terminan deformando la historia y oscureciendo un panorama necesitado de luz.

Las largas aunque parciales consideraciones que anteceden bien pudieran servir para desmentir aquellas versiones que sitúan a Olivio Ríos en los infiernos de la “derecha peronista” y de la “burocracia sindical”.

(1) No está de más advertir que no soy un historiador sino un simple ciudadano que actuó en aquellos años, que conoció a los protagonistas y que hoy apela a sus recuerdos, forzosamente precarios y falibles. Por consiguiente, los involuntarios errores que aquí pudieran haberse cometido no tienen la gravedad que alcanzan en textos elaborados por historiadores, obligados a cumplir ciertas pautas de rigor en la investigación, de exhaustividad y de contraste de fuentes, entre otras. Pautas que, bien aplicadas, hubieran evitado sostener que el primer supermercado local se llamó “MINIMAX” y no “Súper Salta” o indicar a Nelson Rockefeller en vez de José Domingo Saicha como uno de los socios. 

(2)  Como una prueba mas del carácter no burocrático de su liderazgo, habría que recordar que hasta unos meses antes de ser elegido Vicegobernador de la Provincia, Olivio Ríos continuaba trabajando como “electricista especializado” y cumpliendo horario de 7 a 14 horas en la Compañía Argentina de Teléfonos (CAT).
 
(3) José Evaristo Contreras, llamado cariñosamente “el zurdo” no por su adscripción ideológica sino por la facilidad con que manejaba su pierna izquierda como zaguero de Gimnasia y Tiro de Salta, fue diputado nacional por Salta. Andrés Úsqueda, otro bravo dirigente de los trabajadores del Estado nacional, fue dirigente barrial y alcanzó una diputación provincial. Sobresalía también, con la misma dignidad, un compañero de apellido Ahumada. 

(4)  CORREA, Rubén y otros “Conflictos, alianzas sociales y etapas en el proceso de formación del peronismo salteño entre 1946 y 1949” (Revista Escuela de Historia – UNSA, número 3, 2004).
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