El Pacto Matorras – Paikín (1774) en la historia y en el arte |
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Escrito por el domingo, 29 de junio de 2008 (Ha sido leído 895 veces) La historia de Salta (y, en general, la del noroeste argentino), está llena de sorpresas y de acontecimientos poco conocidos por los salteños o insuficientemente estudiados por los científicos sociales. Si bien la conquista del Chaco ha merecido muchos ensayos y comentarios a cargo de especialistas locales, me alberga la impresión de que queda un largo camino por recorrer. Una carencia que, claro está, no pretendo ni por asomo yo saldar. Ni ahora, ni mas tarde. Pero, tras leer varios textos sobre el tema, y tras conocer el cuadro que años después pintó Tomás Cabrera (“Encuentro del Gobernador Matorras con el Cacique Paikín”), no me resisto a la tentación de escribir unas breves líneas acerca del Pacto español – toba de 1774, e incluir una rápida referencia a la hermosa pintura de nuestro comprovinciano. 1. El pacto europeo y el pacto americano La mayoría de los dirigentes políticos de la Argentina democrática ha soñado y sueñan con importar los españoles “Pactos de la Moncloa” a nuestra intrincada realidad. Unos de una manera otros de otra. Unos conocían el proceso de transición democrática en España, otros tenían solo vagas ideas. Hubo también quién llegó a soñar con pasar a la historia como el “Adolfo Suárez argentino”. Incluso el actual matrimonio presidencial cree posible compatibilizar su prédica de odios y rencores, con una convocatoria a un “pacto fundacional” que tenga en el bicentenario su incentivo natural. Creyeron, además y hasta el desencanto que acaba de producirles el comportamiento del señor Vicepresidente de la República, que su estrategia de destrucción de los partidos históricos tradicionales (llamada pomposamente “concertación plural”), estaba emparentada con el mejor producto político español de las últimas décadas. Sin desconocer el valor que para la política comparada ni la utilidad que para reordenar nuestra convivencia y jerarquizar nuestra democracia tienen los célebres Pactos españoles de 1977, creo que bien nos convendría, a los argentinos, echar una mirada al Acuerdo que alcanzaron el Gobernador del Tucumán (Gerónimo Matorras) y el Cacique Paikín, líder de los indios que habitaban nuestro Chaco Gualamba. Los españoles que por ese entonces tenían su base en Salta, Jujuy y Tucumán precisaban pacificar la frontera Este, colonizar nuevas tierras, incorporar brazos al proceso productivo y, simultáneamente, abrir vías de comunicación directa con el litoral argentino. La navegación del Bermejo y de otros ríos norteños era otra de las ilusiones que movían a los españoles a conquistar el Chaco, venciendo la enconada resistencia de los nativos. Desde su llegada al norte de lo que hoy es la Argentina, los españoles lo intentaron, sin alcanzar un éxito definitivo, apelando a la vía de las armas y a la prédica misional. Nuestro antepasados tobas, matacos, chiriguanos y de otras etnias originarias se oponían a los designios europeos asediando ciudades como Esteco y Salta, atacado fuertes, saqueando asentamientos y depredando reducciones. Sus ataques eran respondidos con saña y superioridad militar por parte de los conquistadores. Sin embargo, en 1774, un acontecimiento inusitado vendrá a quebrar esta trayectoria signada por la violencia. La feliz coincidencia en el tiempo y en el espacio de un español convencido de las bondades del diálogo y la negociación, y de otro lado un cacique indio con una visión estratégica de las necesidades de su comunidad enfrentada, por lo demás, con otras etnias locales, terminará por alumbrar el primer (y probablemente único) pacto interétnico que ayudó a pacificar nuestro Norte. 2. Los actores del Pacto de 1774 La parte española fue liderada por Don Gerónimo Matorras, Gobernador del Tucumán, que había nacido en Santander en 1720 y era primo de doña Gregoria, madre del General San Martín. Aunque, como suele ser habitual en estos casos y en estas tierras, fue injuriado, las opiniones más solventes lo consideran un lúcido y leal funcionario del Rey Carlos III que, además, ejerció la beneficencia y adquirió una larga experiencia en asuntos humanos y de gobierno. Del cacique Paikín, primer caporal del Chaco, hay pocos datos. Pero se sabe que al momento de la firma del Pacto contaba con 60 años, tenía aspecto severo, arrogante presencia y un extraño parecido físico nada menos que con el Virrey don Pedro de Ceballos; que montaba con especial elegancia un bizarro caballo tordillo, que usaba estoque envainado, que se movía acompañado de numerosa comitiva, y que lideraba una amplia coalición de tobas, matacos y mocovíes. Un ladino criado por los jesuitas (Juan Pablo) y los “lenguaraces” (con Juan José Acevedo como máxima autoridad) cumplieron también un relevante papel en tanto unos aventaron desconfianzas y otros facilitaron el diálogo entre dos personas que no entendían mas que su propia lengua. Alguien podría sostener, a la vista de esta experiencia, que allí donde hay buena fe y voluntad de alcanzar acuerdos, el “diálogo de sordos” es imposible, aún cuando las partes estén separada por barreras idiomáticas y culturales de la envergadura existente en este caso. 3. Los contenidos del Acuerdo de Pacificación Después de relacionar en su preámbulo los principales misterios de la Santa Fe Católica, el Acuerdo se extiende a lo largo de once artículos, cuyo texto es el que sigue: 1) Que se les han de mantener, sin enajenar a otros, los fértiles campos en que se hallan establecidos, con sus ríos, aguadas y arboledas. 2) Que con ningún motivo ni pretexto han de ser tratados de los españoles con el ignominioso nombre de esclavos, ellos, sus hijos ni sucesores, ni al servir en esta clase, ni ser dados a encomiendas. 3) Que para ser instruidos en los misterios de nuestra Santa Fe Católica, la lengua española y sus hijos a leer y escribir, se les ha de dar curas doctrineros, lenguaraces y maestros. 4) Que la nueva reducción, nombrada Santa Rosa de Lima, establecida en las fronteras del Tucumán por el señor gobernador don Gerónimo Maromas, que tienen ocupada varios indios de su parcialidad, han de tener libre facultad para pasar a ella todos los que quieran ejecutarlo, proveyéndoles de crías de ganados mayores y menores, herramientas, y semillas para sus sementeras, como se ejecutó con los demás que están en ella. 5) Que si a más de la dicha reducción, pidieren otra, por no ser aquella suficiente para todos ellos, se les ha de dar en el paraje, que eligiere el Señor Gobernador. 6) Que además de los vestuarios con que se veía cubierta su desnudez, ganados, caballos, y demás baraterías con que habían sido obsequiados, esperaban que se continuase en adelante, hasta que ellos pudiesen adquirirlo con sus agencias. 7) Que por cuanto se hallaban en sangrientas guerras con el cacique Benavides, en la jurisdicción de Santiago del Estero y de la de Santa Fe de la gobernación de Buenos Aires, se había de interesar el Señor Gobernador, a fin de que por medio de unas paces fuesen desagraviados de los muchos perjuicios que habían recibido de dichos abipones, devolviéndoseles los caballos y yeguas que les tenían quitados. 8) Que debajo de los antecedentes siete capítulos, esperando que les serían guardados, se entregaban gustosos por vasallos del Católico Rey, Nuestro Señor de España y de las Indias; prometiendo observar sus leyes y mandatos, los de todos sus ministros, y, como más inmediatos, los de los gobernadores de Buenos Aires, Paraguay y Tucumán. Que igualmente esperaban que fuesen cumplidos todos los estatutos, leyes y ordenanzas establecidas a favor de los naturales de estos reinos. 9) Que siempre que tuviesen alguna queja o agravio de los españoles, o de los indios puestos en las reducciones, los representarían por medio de los respectivos protectores para ser atendidos en justicia, sin que puedan de otro modo hostilizar ni hacer guerra ofensiva ni defensiva. 10) Que será del cargo del Señor Gobernador interponer su ruego con Su Majestad, a fin de que sean recibidos bajo de su real patrocinio, recomendándolos también al excelentísima señor virrey de Lima, y real audiencia de la Plata. 11) Que sin embargo de habérseles negado por el Señor Gobernador armas de pistolas, lanzas y machetes que le habían pedido para defenderse de sus enemigos, quedaban ciertos de la promesa que les había hecho, de atender a su pretensión cuando hubiesen dado pruebas de su fiel vasallaje al Rey de España, con la buena amistad y buena correspondencia que profesarían con todos los españoles. “Después de instruidos en el concepto de estas paces que vieron firmar, se solemnizaron con repetidas vivas, y se entregó al cacique Paikín el testimonio de ellas”. 4. Las cuidadas formas que rodearon las negociaciones Pero las lecciones más importantes y fructíferas para nuestra realidad política contemporánea están, probablemente, en las formas que ambos interlocutores siguieron para alcanzar el acuerdo. Mientras el Gobernador Matorras cuidó el desarrollo de las conversaciones, respetó a su interlocutor y a quienes este representaba (otorgando un trato exquisito a los caciques y a sus esposas), extremó los argumentos que llevaban al consenso, montó una ceremonia cargada de pompas y simbolismos (en plena selva chaqueña), el Cacique negoció acompañado de los jefes indios que le respondían, fijó con claridad sus reivindicaciones, acompañó el ritual que le proponía su contraparte y supo ceder, cuando advirtió que algunas de sus reivindicaciones (la provisión de armas) no serían admitidas por los españoles. Veamos algunos detalles formales que sobresalen en la descripción de BRIZUELA: El escenario incluía un improvisado dosel, petacas cubiertas de ponchos para servir de asiento; para recibir Paikín, el Gobernador “se puso nuevo vestido con una birretina de granadero, tomó sus armas, colgando del árbol otras con el esmeril, y se mantuvo sentado hasta que el Cacique le dio la mano, con cuya demostración se puso de pie y se abrazaron”; en el punto culminante de la ceremonia Matorras entregó a Paikín, “en nombre del monarca de las Españas”, un bastón de puño dorado. Si bien Paikín accedió, con una facilidad que podría sorprender a quienes desconozcan ciertos esquemas espirituales propios del norte argentino, a reconocer al Rey español y a honrar al dios de los conquistadores, buscó contrapartidas que mejoraran la vida de sus paisanos y obligó al Gobernador Matorras a cambiar sus planes para aventar cualquier posible apoyo a sus enemigos, los abipones cristianizados. 5. El cuadro de Tomás Cabrera Este gran pintor argentino, al que Domingo Faustino Sarmiento llamó el “Miguel Ángel Americano", nació en Salta en 1721, y sus obras -de gran jerarquía- adornan iglesias y museos. Su obra magna “Encuentro del Gobernador Matorras con el Cacique Paikín”, se conserva en e Museo Histórico Nacional con sede en Buenos Aires, en la casona que fuera de otro ilustre Salteño, don José Gregorio de Lezama. Según Carmen MARTORELL , por sus características técnicas y sentido estético, puede ser considerado de estilo barroco americano, con tendencia hacia lo sagrado, lo popular y lo histórico. Su esquema compositivo es medioeval, con variadísimos personajes y una bi-dimensión total, de alto horizonte dividido en tres partes horizontales: una terrena en la parte inferior del cuadro (donde se encuentran ubicados simétricamente, el Gobernador Matorras y su séquito y por el otro Paikín con otros caciques e indios dándose las manos en signo de unión y pacificación); otra intermedia, donde ubica las carpas del ejército y describe, con asombrosa minuciosidad la flora y la fauna del lugar; y una tercera, en su parte superior, donde aparecen la Virgen de las Mercedes entre San Bernardo y San Francisco de Paula”. Cabrera pintó un acontecimiento político del que era contemporáneo, basándose en los dibujos de un acompañante de Matorras (el ingeniero Julio Ramón César). (1) DIEZ GÓMEZ, Sonia María “Las Lajitas: el río y sus memorias”, Editorial Fundación Capacitar del NOA, Salta – 2006; VISENTINI, Carlos y PEREYRA, Abel Eduardo “El Chaco salteño” (en “Estudio socioeconómico y cultura de Salta”, UNSA – 1984); NAVAMUEL, Ercilia y CABRAL, Julia. “Los valles calchaquíes y la Puna y la pre-Puna de Salta” (en el “Estudio….” Antes citado); y el magnifico libro de DE BRIZUELA, Joaquín Blas “Diario de la expedición hecha en 1774 a los países del Gran Chaco”, en la edición hecha en 2003 por la Biblioteca Virtual Universal. (2) MARTORELL, Carmen y LOTUFO VALDES, Margarita “Vida Plástica Salteña”, Editado por la Secretaría de Cultura de la Provincia de Salta en 2005. Más artículos de la categoría Historia y tradición |





