María Nieves de la Serna Bilbao |
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Página 1 de 2 Escrito por el martes, 28 de noviembre de 2006 (Ha sido leído 4834 veces)La Universidad Carlos III de Madrid fue creada en 1989. En tan solo diecisiete años de funcionamiento ha conseguido convertirse en un valor de enorme calidad dentro del conjunto de la comunidad universitaria española. Se trata de una institución innovadora cuyo objetivo declarado es el de ofrecer un modelo de educación integral, dentro del concepto unitario y global de la ciencia y de la cultura. La filosofía que desde el principio ha presidido la actuación de la Universidad Carlos III es la de formar personas plenamente responsables y libres, sensibles a los problemas sociales y comprometidas con una idea de progreso basada en la libertad, la justicia y la tolerancia. En su Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, emplazada en el campus de Getafe (uno de los tres que la universidad posee en la Comunidad de Madrid), trabaja una de nuestras salteña destacadas: María Nieves de la Serna Bilbao, que actualmente es profesora titular de Derecho Administrativo, un cargo que requiere, entre otros méritos, estar en posesión del título de doctor, realizar investigaciones y trabajos originales y superar las pruebas de oposición. Formada en el Colegio Nacional y en la Universidad Católica de Salta, María Nieves es todo un ejemplo de esfuerzo y de talento jurídico natural. Su historia, contada por ella misma, se refleja en los párrafos que siguen. Iruya.com desea agradecer a la Dra. de la Serna el habernos recibido con una enorme cordialidad, habernos enseñado la magnífica universidad en la que trabaja, pero, sobre todo, el haber permitido conocerla y disfrutar de su inteligencia y de su dimensión humana. Cuéntanos acerca de tus orígenes y de tus primeros estudios. Nací en San José de Metán y viví allí mis primeros cinco años. De muy pequeñita fui a la escuela Gorriti y luego, al cumplir cinco años, nos trasladamos a Buenos Aires, en donde viví hasta los catorce años. Allí desarrollé toda mi formación en distintos colegios y no puedo mencionar uno en concreto, porque cambiamos bastante de colegio, alternando entre colegios públicos y privados. Cuando tuve catorce años volvimos a vivir a Salta. Estudié en el Colegio Nacional de Salta, un gran colegio del cual guardo unos recuerdos maravillosos en todos los sentidos. Tanto desde el punto de vista de formación, de profesores, como desde el punto de vista de compañeros y gente que he conocido allí que fue estupenda. Todavía sigo teniendo relaciones con muchos de ellos ya que se dio la casualidad, que algunos de mis compañeros del Nacional continuaron estudiando conmigo en la universidad hasta finalizar la carrera. ¿Ibas a Metán con frecuencia? Durante aquel tiempo mi padre trabajaba en una finca que mi abuela y mi tía abuela tenían en Metán Viejo. Allí me pasé veranos enteros. No mucha gente comprendía que en lugar de estar en la ciudad, de salir o de ir a fiestas de quince, prefiriese estar allí, con los caballos, con las vacas y las arañas. Mi vida allí era muy sencilla y sobre todo tranquila. A la mañana mis hermanos y yo íbamos a buscar los caballos, que estaban sueltos, los ensillábamos y partíamos a andar a caballo por toda la finca. En algunas ocasiones, una persona que trabajaba allí y que conocía mucho la finca, nos llevaba a conocer lugares que eran inexplorables por nosotros. Recuerdo aquellas bajantes de aguas cristalinas, entre medio de rayos de luz y la sombra de los árboles de distintas especies y tamaños. He pasado allí épocas muy bonitas. Luego, tuviste que trabajar para seguir tus estudios universitarios... Al terminar en el Nacional, mi objetivo principal era seguir estudiando. Una de las barreras que tenía era el tema económico, ya que la carrera que quería estudiar, Derecho, estaba en la Universidad Católica. Mi madre me apoyó mucho pero le resultaba muy difícil costear mis estudios así que al poco tiempo de empezar mi carrera en esta universidad, comencé a trabajar en el Juzgado Federal de Salta, concretamente en la Secretaría Electoral. Estuve seis años trabajando en el Juzgado Federal de Salta, prácticamente hasta venirme a España. Fue bastante duro compaginar el trabajo con los estudios, y más aún porque en aquellos años con el comienzo de la democracia fue necesario actualizar todos los padrones electorales y poner al día todo el sistema electoral para las elecciones. Esta experiencia laboral fue muy positiva. En el último año que trabajé en el Juzgado pasé a trabajar en la Secretaría Civil, Comercial y Administrativa del Juzgado Federal. Allí aprendí muchísimo, tuve mi primer contacto con la vida judicial, con la elaboración de los expedientes y con el procedimiento judicial. ¿Qué recuerdos tienes de la Universidad Católica de Salta? Tengo y guardo muy buenos recuerdos de la universidad y de prácticamente todos mis compañeros. La Católica tiene la ventaja de que los grupos son reducidos y que la propia universidad es pequeña en comparación con otras. Esta situación permitía que nos conociéramos todos y también creo recordar que muchos de los que entramos juntos a estudiar terminamos la carrera al mismo tiempo o con muy poca diferencia. Cuando terminé mi carrera en 1987 tuve que convalidar mi título. Yo fui de la última promoción de convalidaciones. En ese momento opté a una beca, porque mi idea siempre había sido la de irme de Salta, hacer algún estudio fuera que me permita conocer otros ambientes, otros mundos, otras ideas y adquirir otros conocimientos. Mi idea en principio era irme a Buenos Aires. Pero tuve la suerte de conocer a Nora Chibán que fue quien me habló de una serie de becas que había para España. Así que presenté la solicitud y obtuve una beca del Instituto de Cooperación Iberoamericana que me permitió venir aquí. Eso también fue para mí muy importante y estoy muy agradecida. ¿Cómo valoras tu formación universitaria en Salta? De la formación que yo he recibido en la Universidad Católica de Salta no he echado en falta nada. Ahora que soy profesora en el ámbito universitario, soy consciente de que puedes estar en la mejor universidad pero que la formación, en definitiva, corre por tu cuenta. Uno puede tener fallos, puede haber materias que te gustan más o que las llevas mejor, y puede haber también materias que se te cruzan o te cuestan más. Nos pasa a todos. Pero sinceramente yo no he notado una falta específica de ningún tipo de formación. ¿Qué hiciste al llegar a España? Vine a Alcalá de Henares a realizar el Curso Superior en Administración Pública, que tenía una duración de dos años. Este curso se impartía por el Instituto Nacional de Administración Pública y la Universidad de Alcalá de Henares. Estábamos en el Colegio Mayor de S. Idelfonso, un edificio representativo de la historia de Alcalá y donde se entrega el Premio Cervantes. Allí tuve la gran suerte de realizar mis estudios y de conocer a latinoamericanos de todas las nacionalidades. Y eso ha abierto mi cabeza de una forma importante, porque a través de toda esta gente he podido conocer costumbres, realidades y lugares. Para mí ha sido una experiencia maravillosa. En el curso me fue muy bien, obtuve unos resultados muy buenos y salí con uno de los mejores expedientes. Para mi fue todo un reto. En este curso tuve la suerte de conocer a dos personas por las cuales estoy aquí. Una es Andrés Betancor Rodríguez, actualmente catedrático de Derecho Administrativo en Barcelona, que fue quien dirigió mi tesina en el Curso Superior y a través de Andrés conocí a Luciano Parejo Alfonso, Director del Instituto en aquel entonces y luego catedrático de Derecho Administrativo en la Universidad Carlos III de Madrid. Una persona con una relevancia, un prestigio y una trayectoria realmente envidiables. Luciano Parejo tiene, además, unas relaciones muy especiales y de mucho cariño con toda Latinoamérica, ha viajado mucho y yo creo que se la conoce prácticamente toda. A raíz de eso, empecé a trabajar aquí en una serie de temas interesantes y luego me fui quedando y se me fueron abriendo los caminos. Estas personas me permitieron llegar a donde estoy y realmente estoy muy agradecida. Creo que he logrado algo que yo nunca hubiera imaginado, realizar investigaciones, trabajos y adquirir un montón de conocimientos es una gran experiencia para mí. Quizá se me podían haber abierto otros caminos, podría haber ido por otros lados, pero estoy muy conforme con lo que he conseguido hasta ahora. Cuando terminaste el Curso Superior ¿pensaste en regresar a la Argentina? Al cabo de los dos años se terminó la beca. Yo leí mis trabajos, terminé el curso y luego me fui al País Vasco, a pasar una temporada con la familia de mi madre. No tenía la decisión de quedarme. No tenía claro lo que iba a hacer. ¿Pensaste en aquel momento que habías logrado tu objetivo y que tu formación estaba completa o querías más todavía? Yo creo que iba por ese segundo derrotero pero sin ser consciente de lo que buscaba. Los dos años del Curso Superior fueron muy duros. Teníamos muchas asignaturas, no sólo jurídicas, como economía, matemáticas, sociología, etc., y de todas ellas nos examinábamos. Fue bastante duro y mi obligación era cumplirlo y sacarlo bien. Luego, pues, creo que inconscientemente buscaba algo más, porque aquellos cursos eran cursos doctorales y mi idea era poder sacar también la tesis doctoral. Entonces volví a Madrid y aquí, entre Andrés y Luciano, me abrieron las puertas para ingresar a la Universidad Carlos III de Madrid. Era una universidad nueva, que empezaba a formarse y a trabajar. Tuve la gran suerte de llegar en el momento justo, con la gente justa, y además a una universidad pionera, que es un ejemplo en muchos sentidos. Aquí te doctoraste... Más tarde leí mi tesis doctoral, que dirigió Luciano Parejo, y que versó sobre la privatización en España. En realidad había comenzado a elaborar mi tesis doctoral con la tesina del Curso y luego pude desarrollarla en plenos procesos privatizadores en España, en los años 90. Fue una tesis muy bonita, siempre jurídica, no económica, que defendí en 1994. Luego fue objeto del Premio Extraordinario en esta universidad, de toda la promoción del año 94. Finalmente se publicó por la editorial Aranzadi con el título de La privatización en España: fundamentos constitucionales y comunitarios, en 1995. A partir de ahí continué con la investigación, obtuve mi plaza de profesora titular de universidad y publiqué otras cosas, entre ellas otro libro que se llama Manual de Derecho de la Edificación, con la editorial Ramón Areces, en 1999. ¿En qué temas estás trabajando ahora? Ahora mismo soy subdirectora en el Máster de Derecho de las Telecomunicaciones y las Tecnologías de la información, que es fundamentalmente jurídico pero está abierto a muchas otras ramas. Cuenta también con módulos tecnológicos y otro económico, pero el mayor peso lo lleva el ámbito jurídico. El Máster tiene dos directores: uno es Tomás de la Quadra-Salcedo, que es una persona por todos conocida en el ámbito español. Fue Ministro de Justicia y es catedrático de Derecho Administrativo en esta universidad; el otro es Agustín de Asís Roig, profesor también de la casa. En esta universidad conocí a mi marido (Fernando Fonseca Ferrandis) que también trabaja aquí y desarrollamos en la misma área de conocimiento –Derecho Administrativo- la función de profesores y de investigadores. |
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