Esta historia, en sus secuencias de hechos, se sucede como una muestra de enseñanza del amor de Dios al corazón de los hombres. Allá por 1582 Francisco de Victoria fue llamado por su Metropolitano -en ese entonces Toribio de Mongrovejo, hoy santo del Perú y patrono de los Obispos de América- para celebrar el III Concilio Provincial Limense. A su paso hacia la ciudad de Lima bendijo los cimientos de la entonces ciudad de San Felipe de Lerma, hoy Salta, erigida el 16 de Abril de 1582.

Hace a los habitantes de la nueva ciudad la promesa de que, a su vuelta a España, les enviaría dos imágenes para su Iglesia Matriz.

Un movimiento sísmico mueve a los pobladores del Callao a las playas donde habitualmente se refugiaban. Es entonces cuando se divisan dos cajas flotando en el mar. Según algunos historiadores era común recibir bultos o sajones que barcos de paso arrojaban cerca de las playas para que la corriente las acercara hasta las costas; otros atribuyen el suceso a un hundimiento también habituales en esos tiempos. No poca sorpresa causó el leer en sus cubiertas sendos rótulos grabados a fuego que decían: Un Señor Crucificado para la Iglesia Matriz de la ciudad de Salta y una Virgen del Rosario para el Convento de Predicadores de Córdoba.

Otro acontecimiento que va dando forma a esta historia de amor tiene lugar en Madrid, en donde, en el mismo mes y año de la llegada de las Sagradas Imágenes, moría en el convento dominico de Nuestra Señora de Atocha, Fray Francisco de Victoria. Era el año 1592 y habían transcurrido diez años desde la fundación de Salta.

Se atribuye también al Obispo Victoria la entrega de una imagen de la Inmaculada Concepción, que sería la actual Virgen del Milagro. Estos detalles sirven a la tradición para afirmar que el Cristo y la Virgen del Rosario encontrados en circunstancias tan extrañas completaban la promesa del primer Obispo de Córdoba del Tucumán.

Santo Toribio de Mongrovejo, a la sazón Arzobispo de Lima, celebró el Pontifical y Te deum de circunstancias en la Catedral metropolitana de Lima. Es tradición muy fundada que en esa ocasión se encontraron en el lugar venerando a las imágenes Santa Rosa de Lima, San Francisco Solano y el Beato Martín de Porres.

Era necesario, no obstante, cumplir con la voluntad del remitente. Con ese fin se formaron sendas comitivas que fueron despedidas con salvas del ejercito. Según cuenta el P. Lozano S.J., en cada pueblo del trayecto se renovaban los portadores de las efigies, al par que las fervorosas manifestaciones de fe.

En continua marcha triunfal llegaron las imágenes a la ciudad de Salta en dondem como era lógicom fueron recibidas con ardoroso entusiasmo en el llamado desde entonces Campo de la Cruz, renovándose con mayor esplendor las solemnidades con que fueron honradas en el Perú.

Córdoba, famosa por su piedad y por su ciencia, recibió el divino presente con pompa extraordinaria y desde entonces la Virgen del Rosario del Milagro ha sido el foco central de su devoción.

La imagen donada a Salta y la enviada probablemente desde España, permanecieron durante un siglo en sus altares de la Iglesia Catedral, sin que nada extraordinario sucediera.

Pero el 13 de Setiembre de 1692 un fuerte temblor sacudió la inmensa área subcordillerana, provocando el hundimiento de la ciudad de Esteco, que se hallaba emplazada en los actuales lindes entre Salta y Tucumán. El sacudón se hizo sentir también en Salta, en sucesivos movimientos que llenaron de pánico a sus pobladores.

Fue entonces cuando se buscó por primera vez la ignorada Imagen tras las fervorosas exhortaciones de los religiosos de la ciudad. Los desesperados habitantes de Salta dieron claras muestras de su agradecimiento tributando por primera vez un culto especial a las Imágenes pues se les atribuyó la protección de la ciudad.

Al transcurrir los años, el olvido fue nuevamente ganando los corazones hasta que volvió a ignorarse casi completamente el culto de la gratitud. Un nuevo sismo, el del 18 de octubre de 1844, renovó el recuerdo de aquella intercesión. Los salteños fueron nuevamente en busca de sus milagrosas Imágenes, estableciendo un pacto de devoción que fue enriqueciéndose hasta el presente. El sismo de 1944, que arrasó la ciudad de San Juan, constituyó la etapa más reciente en la que el pueblo de Salta afirmó su tradición.

La Inmaculada Concepción, hoy la Virgen del Milagro, alcanzó dimensión cuando los movimientos sísmicos asolaban a ese pueblo que se olvidaba de sus promesas. Fue en uno de esos fuertes temblores que un Sacerdote vio que se encontraba en posición de suplica ante ese Hijo suyo, que había sido olvidado, entonces escucho esa voz, tal vez interior, que le decía que mientras no sacaran en procesión al Cristo no cesarían los temblores.

Es allí donde pasa a ser llamada Virgen del Milagro, quien acompaña al Señor del Milagro cada 15 de Setiembre.

Hoy en día, vencido el secular olvido de la prescripción del cabildo colonial (...pidiendo y suplicando se jurase por patrona especial de Salta y su jurisdicción a la madre de Dios del Milagro Y que asimismo se celebrase perpetuamente la fiesta estable jurada el día 12 de Setiembre de todos los años) según expresa el acta de 1692 la celebración religiosa alcanza dimensiones multitudinarias. Trasladada la fecha del máximo homenaje al día 15, las Imágenes del Señor y la Virgen del Milagro son el centro de una inigualable devoción que convoca a la ciudad de Salta a miles de fieles de todos los ámbitos del país.

Desde el comienzo de los cultos, en los primeros días de septiembre, la población ha ido creciendo asombrosamente hasta culminar en esa jornada. Luego, Salta retoma su ritmo habitual quedando en su recuerdo la renovación del pacto Sagrado con sus divinos protectores, práctica que la convierte un año más, en esta fecha, en el centro religioso del país.

Adaptado del artículo publicado en La Voz del Interior el 30/8/1964
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