01:16 | jueves 18-03-2010
| El fin de la belleza incaica |
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| Por - Publicado a las 07:50 | lunes 04-08-2008 (leído 1173 veces) | |||||
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Un intelectual setentista salteño, conocido por su apertura mental y su probado cosmopolitismo, brindó una cierta noche a la salud de dos bellezas femeninas que engalanaban su mesa. Con su fino olfato antropológico, aquel intelectual advirtió en el momento del brindis que se trataba de dos bellezas muy diferentes entre sí, por lo que optó por fraccionar en dos su improvisada apología de las virtudes femeninas y dedicar, así, el primer brindis a la estupenda "belleza húngara" que se hallaba sentada a su lado y el segundo a una no menos impactante "belleza incaica" que lucía sus atributos en el otro extremo de la mesa.
Porque si el tipo indoeuropeo (la mal llamaza "raza blanca") tiene una amplia variedad matices, qué decir entonces del multilíneo y poliédrico mundo incaico, en donde se mezclan y confunden los rasgos esquimales con los altoperuanos y se fusionan a diario pieles y cabellos de texturas muy diferentes. Vienen estas reflexiones a propósito de un muy polémico artículo que se publica hoy en la edición digital del diario El País de España y que lleva por título "Centenares de inmigrantes recurren al bisturí para limar rasgos étnicos". El artículo en cuestión viene a decir que algunos inmigrantes en España (donde hay cinco millones de esta rara "especie" humana), que buscan pasar desapercibidos en la multitud o que reniegan de su impronta étnica, están pasando por los quirófanos de los cirujanos plásticos españoles para "quitarse" (como si fuera cosa fácil) los rasgos que los alejan de los cánones de la "belleza universal" (así dice el artículo) y para "pasar desapercibidos por la calle". Lo más curioso del caso es que el rinoplasta consultado por un "quítame allá ese rasgo", afirma en el reportaje que sus clientes acuden a él "en busca de una nariz más occidentalizada (...) como forma de adaptarse al medio en que viven" (sic). Repárese que no hablamos de focas ni de pingüinos desplazados desde la Península de Valdez al Coto de Doñana sino de seres humanos. ¿Acaso el aire que se respira en Europa necesita, para ser inhalado provechosamente, de una nariz con una especial morfología?
Para qué hablar de las dolorosas blefaroplastias a que se someten los chinos para tener "una mirada más europea". La 'nueva' EspañaJustamente, si algo de atractivo tiene "la nueva España" es la enorme variedad de gente que se puede ver en sus calles, en las que por cierto ya no predomina -para regocijo de muchos- el tipo ibérico (pata negra), cruza entre Pelopincho y Manolito (el amigo de Mafalda y despachante del Almacén Don Manolo). Los inmigrantes más ácidos (y limpios) sostienen aquí que si de verdad se quiere pasar desapercibido entre la multitud, lo mejor es no ducharse. Pero lo que de verdad es inadmisible es que el artículo que firma el señor Jaime Prats pretende vendernos que en España los feos son los inmigrantes, cuando la realidad es bien diferente. Esta realidad que debería comenzar por reconocer que la tardía salud dental de los oriundos se debe, entre otros factores, al buen hacer de por lo menos un millar de dentistas iberoamericanos -es decir, de "feos"- que desde hace unos veinte años viene solucionando en este país el grave problema de la sonrisa (poco europea) de los españoles. Un problema que, a decir verdad, aún no se ha solucionado del todo, a juzgar por las dentaduras ralas de muchos "hijos de la tierra" a quienes parece haberles explotado un miguelito en la boca. Y debería continuar por afirmar que las mujeres más bellas que habitan este país no son las nativas de Ciudad Real, Palencia, Teruel o Cádiz: Son ucranianas, búlgaras, rumanas, polacas, colombianas, marroquíes y argentinas, que deslumbran no sólo por sus cualidades naturales sino por su elegancia, sus buenos modales y su mejor trato. Todo ello, sin contar con que muchas de ellas provienen de países -como la Argentina- en donde ciencias como la cosmética y la peluquería (armas incluso más poderosas que el bisturí) tienen rango postuniversitario. Para terminar, el artículo de El País habla de que muchos inmigrantes aspiran a una cirugía plástica para "diluir las trazas que identifican su nacionalidad" y esta afirmación a lo único que recuerda es al brutal cambio de imagen a que se sometió El Dioni, un exvigilante de seguridad español que se robó, hace años, un furgón blindado con 300 millones de pesetas y huyó al extranjero "para pasar desapercibido". Es evidente que quienes desean "diluir las trazas que identifican su nacionalidad", no desean confundirse entre la multitud sino más bien confundir a la policía. Ninguna asociación de inmigrantes se ha pronunciado todavía sobre el contenido de un artículo que rezuma racismo -y del peor- de principio a fin. Entretanto, no cabe sino proclamar que la "belleza incaica" posee valores que el español medio aún no ha explorado y encantos con los que los seres simples quizá nunca podrán deleitarse, pero que corre el riesgo de desaparecer aquí, entre el apetito facturador de algunos cirujanos plásticos y la errónea creencia de que para pasar desapercibidos hay que pasar por el quirófano antes que por la universidad o la sección complementos de El Corte Inglés, que hacen las veces aquí de auténticos igualadores sociales. |
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