Desde el 1 de febrero de 1997

    A lo largo de las décadas pasadas, la tradicional imagen de belleza hispánica bien conservada y de calma provinciana casi perfecta de que gozaba la ciudad de Salta, ha servido de consuelo y excusa a toda una generación de salteños, preocupados por disimular la profunda decadencia de sus costumbres individuales y sociales, así como la pérdida silenciosa de los atributos de calidad que hicieron de la salteña, en otras épocas, una sociedad arrogante, pero con motivo.

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