Desde el 1 de febrero de 1997

    (*) Francisco Centeno nació en Salta en 1862. Hijo de Francisco Centeno e Inés Alemán Puch. Hacia 1882, antes de cumplir 20 años, abandonó Salta para radicarse en Rosario de Santa Fe. Sus recuerdos de infancia y juventud y su trato con doña Genoveva Paz de Figueroa corresponden a los años 1872-1882. Allí se vínculó a Estanislao Zeballos, de cuya mano llegó a Buenos Aires. En 1888, avalado por el ministro Francisco J. Ortiz, ingresó al Ministerio de Relaciones Exteriores, donde fue director de la Biblioteca y Archivo de la Cancillería. A partir de 1929 publicó su obra en tres volúmenes "Virutas Históricas". Centeno murió a los 82 años de edad, en la Ciudad de Buenos Aires el 24 de agosto de 1944 (G.C.F.)

    Revolviendo viejos papeles que pertenecieron a Don Cristian Nelson, quién fuera el director del antiguo Museo de Fomento que hubo en Salta, encontré un documento que me pareció interesante rescatar. Sobre la base del mismo se da a conocer qué fue la "Unión Salteña", el paralelismo con nuestro Grupo Salta, como así también un proyecto inconcluso de reparación histórica a los héroes de la civilidad salteña que bien podría ser reflotado hoy por el valor que el mismo encierra.

    A pesar de que Salta inaugura los relatos autobiográficos argentinos en el siglo XVIII , el capítulo de memorias tiene muy pocos exponentes. Después de "La tierra natal" (1886) y el libro póstumo Lo íntimo de Juana Manuela Gorriti, los dedos sobran para contar los relatos femeninos en primera persona. En los últimos años, sin embargo, aparecieron tres libros de memorias de mujeres salteñas pertenecientes a algunas de las familias más antiguas de la élite local:

    Años setenta, saludando a mi amigo y protector Rolo FortunyNo hay dudas de que, para millones de argentinos, el 24 de marzo es una de las efemérides más tristes, por no decir de las más siniestras. Lo verdaderamente lamentable, sin embargo, no es que el actual gobierno argentino pretenda instituir a esta fecha como feriado nacional sino que el recuerdo de aquellos acontecimientos y el de los siete años de vergüenza que le siguieron, sean hoy la bandera de muchos de los que estuvieron del lado de los militares golpistas y silenciaron -cuando no aplaudieron- sus atrocidades.

    Pocos rasgos culturales caracterizan con tanta nitidez a los argentinos, como el de ser un pueblo que carece de memoria histórica, y esta reiterada anomalía no se debe precisamente a la inexistencia de investigadores de nuestro pasado -los hay y muy buenos- sino que lo paradójico, grave y enfermizo de ésta actitud colectiva es que la misma subyace y está latente, en el seno mismo de la sociedad nacional. Salta a pesar de poseer un invalorable caudal de testimonios acerca de nuestros más remotos orígenes, tampoco está exenta de padecer tal falencia.

    Últimas noticias