Sede UGT en Madrid
Sede UGT en Madrid
La Unión General de Trabajadores es uno de los sindicatos más representativos de España. Fue fundado en 1888 y vivió, como organización, todas las vicisitudes y oscilaciones sociopolíticas de la España del último siglo, incluidos el exilio y la clandestinidad. En 1977,', 'en plena transición democrática, la UGT obtuvo su legalización, después del periodo de casi cuarenta años de sindicalismo obligatorio que caracterizó al régimen franquista. Desde entonces UGT se ha constituido en un baluarte del renacimiento político y económico de España.

De esa misma época data la incorporación al sindicato del doctor Sergio Ernesto Santillán Cabeza, abogado laboralista salteño afincado en Madrid desde 1977. Iruya.com lo ha entrevistado en su despacho de la calle Hortaleza de Madrid, en donde tiene su sede la Comisión Ejecutiva Confederal del sindicato.

El doctor Santillán nos recibe a las puertas del magnífico edificio que ocupa UGT en el madrileño barrio de Chueca. Nos explica que allí funcionaba el antiguo convento de Santa María Magdalena, conocido también como Recogidas, y nos cuenta que máxima dirección de UGT se encuentra allí desde finales de los años 80. Tras agradecer nuestro interés por entrevistarlo, nos explica que conoce nuestro sitio web y lo visita frecuentemente. No lo dudamos. Su despacho está equipado con las más modernas tecnologías y nuestro entrevistado demuestra saber utilizarlas como un auténtico experto.

Cuéntanos acerca de tus orígenes.

Sergio Santillán Cabeza
Sergio Santillán Cabeza
Yo nací en Campo Quijano, en mayo de 1945. Mi padre era ferroviario y, como era habitual en aquellos tiempos, lo trasladaron varias veces. Cuando yo era muy pequeño nos fuimos a vivir a San Rafael, Provincia de Mendoza, y después a Puerto Madryn, Chubut, donde hice una parte de la escuela primaria. En Madryn viví desde 1950 hasta 1955 en que regresamos a Salta, unos meses antes de que se produjera el golpe de Estado de septiembre, la llamada Revolución Libertadora.

He vivido en Salta desde esa época hasta que fui a estudiar a Tucumán en 1966. Mis estudios, por lo tanto, completé la escuela primaria en la Escuela Remedios Escalada de Salta. Hice el colegio secundario, una parte en el Colegio Salesiano y completé mis estudios en la Escuela Normal de Salta, donde me gradué de maestro. He trabajado como maestro en Olacapato y en Santa Cruz, departamento de Santa Victoria, en el norte de Salta.

{sidebar Id=6} Después de ese trabajo como maestro en escuelas de verano, fui a Tucumán en donde estudié y me recibí de abogado en 1968. Después fui a Salta, donde ejercí mi profesión de abogado. Fui secretario en juzgados de Salta. Trabajé, además, como asesor de la Secretaría de la Producción y del Senado de Salta. En 1976, tras el golpe de Estado de Videla, emigré primero a Venezuela, donde estuve unos ocho meses y después a España, donde vivo desde junio de 1977 hasta la fecha.

¿Cómo nace tu vinculación con los sindicatos?

Yo empecé a trabajar con los sindicatos una vez que me hube graduado como abogado en la Universidad de Tucumán. Cuando volví a Salta trabajé como asesor de varios sindicatos, de la Unión Obrera de la Construcción, de UTA, y después fui el abogado de la CGT de Salta, durante un cierto tiempo. Por lo tanto, mi vinculación con el mundo sindical viene desde hace mucho tiempo, unos 35 años, aproximadamente.

En Venezuela no trabajé en cuestiones relativas a mi profesión de abogado. Viví con unos tíos míos e hice algunos trabajos pero simplemente como empleado. Estuve poco tiempo. Pero allí había un sindicalista argentino que tenía un alto cargo en la CTV, Central de Trabajadores de Venezuela.

Él se llama Andrés Mercau. Cuando decidí ir a España él me dio una carta para conectarme con los sindicatos españoles. Cuando llegué a Madrid estaba comenzando el periodo democrático y los sindicatos españoles necesitaban asesoramiento. Yo ya tenía experiencia es esto y por lo tanto me contrataron. Primero en la Unión Sindical Obrera (USO), que se fusionó con UGT y estoy en UGT desde aquel tiempo. Desde finales de 1977 soy abogado de UGT.

¿Cuáles son tus tareas actuales en UGT?

Sergio Santillán en su despacho de UGT
Sergio Santillán en su despacho de UGT
Empecé a trabajar en UGT como abogado laboralista dentro del equipo de abogados que tenía entonces UGT, como tienen todos los sindicatos. Trabajaba en un despacho llevando juicios laborales. Posteriormente fui asesor de unas de las federaciones del sindicato, la Federación de Alimentación, pero después pasé a la Secretaría General de la UGT donde he estado conectado como asesor al secretario general, que antes era Nicolás Redondo y ahora es Cándido Méndez, desde 1981. O sea que mi trabajo actual es ser asesor para cuestiones legales y generales del secretario general de la UGT.

También soy profesor asociado de Derecho del Trabajo en la Universidad Carlos III de Madrid, que está situada en Getafe, cerca de Madrid, ocupación que llevo desde 1995.

Por último, desde 1986 soy miembro del Comité Económico y Social Europeo (CESE), que es una institución de la Unión Europea, motivo por el cual viajo frecuentemente a Bruselas.

Desde tu privilegiada posición de observador del mundo del trabajo ¿cómo valoras la evolución sindical española durante el periodo democrático?

Primero hay que decir que la estructura de los sindicatos españoles es completamente distinta de la que existe en Argentina. Aquí no hay sindicato único establecido por la Ley sino hay un sistema de pluralidad sindical plenamente acorde con las normas de la Organización Internacional del Trabajo, lo cual significa que coexisten muchos sindicatos a los cuales la gente se afilia voluntariamente. Antes lo hacía por razones ideológicas en muchos casos, pero ahora simplemente tiene en cuenta la eficacia u otras razones pero que ya tienen que ver poco con la ideología.

Los sindicatos españoles, concretamente la Unión General de Trabajadores, que es el sindicato donde yo trabajo desde 1977, -y que, quiero señalar de paso es uno de los sindicatos más antiguos de Europa, en cuanto fue fundada en 1888- ha jugado un papel crucial en la evolución democrática y todos los balances o valoraciones que se hacen de su actuación desde la restauración democrática hasta la fecha, son positivos.

Han sido un factor clave, creo yo, no sólo para asentar la democracia sino para contribuir a la prosperidad que actualmente tiene España. A la prosperidad y a la estabilidad económica. Esto lo han hecho por varias vías pero básicamente mantuvieron una política de negociación, de acuerdos sociales, que aunque algunos no la comprendieron bien en sus comienzos (la UGT fue pionera en esto junto con la organización empresarial CEOE) hoy nadie discute que ha sido un factor determinante del éxito enorme que ha tenido España en los últimos treinta años.


¿Cuáles son las principales diferencias entre el modelo sindical español y el de otros países europeos?

Santillán representa a UGT en el Comité Económico y Social Europeo
Santillán representa a UGT en el Comité Económico y Social Europeo
Los sindicatos europeos han tenido también un papel muy importante en la consolidación del Estado del Bienestar que se produjo en Europa con posterioridad a la Segunda Guerra Mundial. También en el caso europeo, las fronteras ideológicas ya son cada vez más tenues. Incluso sindicatos como los británicos, que tenían una tradicional y fuerte vinculación histórica con el Partido Laborista, siguen teniendo alguna vinculación orgánica (por ejemplo, ahora van a intervenir en una parte de los votos para elegir al nuevo Primer Ministro laborista, que reemplazará a Tony Blair) pero los vínculos también son más tenues que en el pasado. Los sindicatos británicos eran la base fundamental en el plano económico del Partido Laborista y además tenían una parte sustancial de los votos en los congresos, cosa que ahora ha disminuido.

En otros países de Europa, que no tienen esquemas laboristas sino socialcristianos o socialdemócratas la situación es sustancialmente la misma. Hay notables diferencias entre países como Francia, que tiene muy baja tasa de afiliación, y los países nórdicos que tienen una tasa de afiliación mucho más elevadas. Pero en línea generales, las líneas en las cuales ellos se han movido son las de preservar una cierta autonomía del sindicato frente al poder político. Aquí no es habitual que los sindicalistas ocupen cargos en el Parlamento. Es muy raro. Si deciden realizar una actividad política, cosa que ocurre con alguna frecuencia, dejan totalmente los cargos en el sindicato y en muchos casos los dejan para siempre. Pueden seguir vinculados al sindicato, pero ya no tienen ningún cargo con capacidad de decisión.

En virtud de ese criterio más prescindente de los partidos políticos (aunque sigan manteniendo su ideología) es impensable que le hicieran a un gobierno catorce huelga generales, como le hicieron a Alfonsín, simplemente porque no es de su agrado.

La política de pactos sociales, que es tan característica de la evolución española, la practicaron algunos países de Europa también pero a través de otro tipo de vías, que no siempre eran coincidentes. Pactos sociales se firmaron algunos en Italia. En Alemania no se firman porque no es habitual. Pero ellos establecen otro tipo de concertación con el gobierno. Y en todos los casos hay un parámetro general: el sindicato ofrece la paz laboral, la disminución de la conflictividad social y requiere a cambio la consolidación del Estado del Bienestar y mejoras para los trabajadores. Éste es un esquema básico.

¿Cuál es tu opinión acerca del modelo sindical argentino?

Tengo que decir que en Argentina hay una situación absolutamente anómala e insostenible en el mundo actual, que es una legislación que le concede el monopolio sindical a determinadas organizaciones. Ésta es una legislación que viene de la época de Perón (Brasil tenía una similar establecida por Getulio Vargas) pero que corresponde a otros tiempos. Actualmente es claramente incompatible con los convenios de libertad sindical de la Organización Internacional del Trabajo (los Convenios 87 y 98) y es incompatible, en realidad, con un Estado verdaderamente democrático.

Por lo tanto, mientras Argentina no encare con total decisión el establecimiento de un sistema de libertad sindical como tienen todas las democracias, su sistema sindical será siempre una verdadera anomalía.

Acercándonos un poco a nuestra Provincia, ¿cómo ves el presente de Salta?

En cuanto a la Provincia de Salta, es difícil dar un panorama en pocas palabras. Además aquí se mezcla la cuestión afectiva con una comprobación de la realidad.

Yo siento un enorme cariño por mi ciudad y por mi Provincia y por tanto siempre tiendo a verla con ojos favorables. De todas maneras, la realidad que me sorprende de Salta, después de haber vivido tantos años en Europa, es el alto índice de pobreza que existe. Por las partes que yo visito, en los viajes que hago (que desgraciadamente son breves) y por lo que otras personas, sean familiares o amigos, me refieren, la situación en algunas zonas de la Provincia de Salta es tremenda.

Me impacta profundamente el grado de desigualdad en el reparto de la riqueza y el alto índice de pobreza, la carencia que tienen las escuelas, los hospitales públicos y los servicios públicos en general, que me parecen deficientes.

Junto a la estatua de Pablo Iglesias, fundador de UGT
Junto a la estatua de Pablo Iglesias, fundador de UGT
Me da una gran tristeza comprobar todo eso, porque creo que aunque no es un problema exclusivo de Salta, es toda la Argentina la que tiene unas carencias tremendas. Me da mucha tristeza porque Argentina puede y merece tener un futuro mucho mejor que el que tiene ahora. Visto desde Europa, nadie puede comprender cómo tiene problemas alimentarios – niños con desnutrición – un país con la capacidad de producir alimentos como la Argentina.

Al contrario de lo que piensa mucha gente y de lo que dicen constantemente las fuentes oficiales yo no creo que la decadencia de Argentina sea una conspiración tramada desde el exterior. Antes el gran culpable era una difusa Sinarquía y ahora lo es el Fondo Monetaria Internacional, la gran bestia negra. En realidad, todas las decisiones que se adoptaron en Argentina desde el fin de la dictadura militar (que le causó un terrible daño al país) la adoptó la dirigencia política libremente. La decidió ella y la aprobó el parlamento. Todos y cada uno de los actos, incluido el disparatado endeudamiento que la llevó a la quiebra. El Partido Justicialista y la Unión Cívica Radical (en ambos casos, sus representantes hablan generalmente como si nada hubieran tenido que ver con lo que catástrofe que generaron) tiene una enorme responsabilidad en lo que ha ocurrido en Argentina.

A tu juicio ¿se debería acometer una reforma política profunda en la Argentina? ¿Cuáles serían las bases de esta reforma?

Sobre esto se podría hablar largo tiempo. Para ser sintético daré mi opinión en breves términos:

Creo, en primer lugar, que la reforma política es imprescindible. Por ejemplo, hay que revisar la estructura federal de Argentina, que es contraria al interés general. El país no puede funcionar con 23 políticas educativas, 23 políticas medioambientales, 23 políticas de transportes, etc. En mi opinión, las legislaturas provinciales en su estructura actual hay que eliminarlas porque son tremendamente caras y no cumplen una función social. Órganos deliberativos en los que estén representados los intendentes municipales – que son tan representantes del pueblo como los legisladores – y que se reúnan dos o tres veces por año para tratar las grandes cuestiones puede cumplir perfectamente la función de una democracia representativa. Ello conllevaría eliminar todo el maremagnum de dietas, pensiones de privilegios y otras prebendas que existen actualmente.

En segunda lugar, pienso que una reforma política sólo es tal si es estructural, de fondo. Cuestiones como, por ejemplo, la eliminación de las listas sábana son importantes pero no decisivas. Una reforma en serio implicaría darle al Parlamento la función que debe cumplir en una democracia y que ahora no cumple porque el presidente gobierna por decreto y crear un Tribunal Constitucional, entre otras cosas.

Y por último, me parece que en las demandas de reforma que se producen en Argentina hay un error de base. Les piden a los políticos que hagan la reforma. Está claro que nunca la harán porque son los beneficiarios del sistema. En el Parlamento hay 45 proyectos sobre esto que están guardados en un cajón porque no tienen el menor interés en debatirlos.

Sólo se producirá una reforma si hay un movimiento ciudadano, cívico, pacífico, democrático, masivo y al margen de los partidos políticos que lo exija de manera clara y rotunda. Si les pide permiso a los que deben ser reformados nunca habrá reforma.