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Violencia y legítima defensa

Violencia y legítima defensaEl diario local El Tribuno viene prestando una llamativa atención sobre los repetidos casos de violencia contra las mujeres que, desafortunadamente, se han producido en los últimos meses en nuestra Provincia. Sin embargo, lo que podría ser considerado como una positiva campaña periodística de concienciación ciudadana acerca de los peligros sociales que entraña la mal llamada violencia de género, corre el riesgo de convertirse en una serie folletinesca de sucesos, muchas veces adornada con arabescos literarios o con reflexiones filosóficas de calculada ambigüedad e imprecisión.

Nos ha sorprendido leer en la edición del 5 de enero de 2005, una columna de opinión firmada por una cronista de aquel medio, a propósito de dos sucesos policiales en los que se han visto involucradas dos mujeres que, supuestamente, habrían lesionado a sus respectivas parejas masculinas, utilizando cuchillos o algún tipo de arma blanca. La cronista -suponemos que con la mejor intención- pretende lanzar una advertencia sobre lo obvio, es decir, sobre lo pernicioso de responder con violencia a la violencia machista. Pero siendo equivocadas sus premisas es inevitable que arribe a conclusiones extravagantes y muy poco congruentes con la causa en la que se supone embarcado su diario.

El TribunoPara El Tribuno, el hecho del acuchillamiento de dos hombres a manos de sus mujeres reflejan un cambio de actitud de algunas mujeres ante la agresión. Pero una afirmación como esta no supone otra cosa que confundir los deseos de quien la pronuncia con la realidad. ¿Hay suficiente evidencia empírica para afirmar, con tal rotundidad, ese cambio de actitud? Si la hubiera, la seriedad de la profesión periodística impone mencionar las fuentes científicas de tal evidencia.

Por otro lado, si el cambio de actitud efectivamente existe ¿puede considerarse positivo o al contrario debe valorarse como peligroso y potencial generador de una espiral de violencia doméstica? El "esta vez les tocó a ellos" con que la cronista comienza su columna revela una toma de posición a favor de la reacción violenta.

Intentando atemperar la temeridad de la frase anterior, se afirma a continuación que el ataque con armas es un hecho delictivo, pero con esta afirmación de perogrullo lo único que se consigue es desinformar y desorientar a los lectores. El júbilo contenido con que la cronista da cuenta de la valiente reacción de las agredidas deja paso inmediatamente a la mala conciencia. Tanta, que a renglón seguido se esbozará una contradictoria rectificación en la que entran en juego, de modo caótico, los conceptos de delito y de legítima defensa.

Porque si la columna de opinión comienza razonando sobre la reacción frente a la agresión, no puede hablarse luego de ataque y de hecho delictivo ignorando los principios generales del Derecho Penal en cuanto a las causas de justificación que excluyen la antijuridicidad de las conductas típicas. En términos más sencillos, lo que no se puede hacer es confundir ataque con defensa y considerar que la defensa -al involucrar el uso de armas- es constitutiva de delito.

Vim vi repellere omnes leges et omnia jura permitunt... escribieron los clásicos para dejar sentado que todas la leyes y todos los derechos permiten repeler la fuerza con la fuerza. Este principio general ha sido pacientemente modelado a lo largo de los siglos hasta llegar a la moderna doctrina judicial sobre la legítima defensa, cuyo rasgo más notable es la exigencia de una proporcionalidad elemental entre los medios que se emplean en la reacción defensiva y la ofensa antijurídica.

El instituto de la defensa legítima no es sino un remedio excepcional en situaciones extremas. Si pensamos por un momento en la gravedad social que entrañan las conductas sistemáticas de violencia física contra las mujeres, nos daremos cuenta de inmediato que la solución a este problema no pasa por "armar" a las víctimas y poner a su disposición los medios ofensivos/defensivos para equilibrar la capacidad dañina de su potencial agresor. Bien razona la crónica cuando sostiene que evitar que la violencia masculina descargue toda su furia sobre las mujeres y los niños, es un desafío..., pero es más atinado (y justo) suponer que en estos casos estamos frente a un desafío de idéntica magnitud al que supone evitar la violencia entre los seres humanos, incluida, desde ya también, la violencia que ejercen -desgraciadamente muy a menudo- las mujeres (y los hombres) sobre los niños, los ancianos y personas desvalidas.