Expertos en indumentaria política señalan que la contradicción es tan evidente como si al líder de la ilegalizada Batasuna se le ocurriera marchar por las calles de Barakaldo vestido de chulapa o de lagarterana (símbolos indiscutibles del casticismo) o que al mismo líder antiglobalización José Bové le diera por manejar un tractor vestido como Ronald McDonald.
Aún no se conoce la opinión que sobre este tema tienen los fortines salteños y los custodios del legado histórico del general Martín Miguel de Güemes, pero algunas voces aisladas -no precisamente pertenecientes al tradicionalismo güemesiano- se han encargado de recordar que nuestro poncho jamás fue atado al carro de ningún vencedor de la Tierra. Otros, que sin embargo no han querido identificarse, han sostenido con gran énfasis que ningún trapo rojo ondeará en lugar de la bandera salteña, que también es de color rojo, pero de "otro" rojo, según aclaran nerviosamente estas mismas fuentes. Desde esta tribuna, pensamos que doña Hebe, una vez más, se ha pasado de la raya.
Se ha pasado de la raya, sí, pero tal vez no tanto como este esforzado trabajador municipal de "la feliz", encargado de desempapelar las calles de cualquier mensaje opuesto al señor Bush, y especialmente aquellos que invitaban cordialmente al presidente de los Estados Unidos de América a regresar a casa. A la vista de su esfuerzo, no cabe decir otra cosa que el municipal "se ha pasado de la raya", si bien, en privado, se comenta que después de varios días de lidiar con engrudos resecos, quienes le habían encargado el trabajo lo dejaron "con el culo al aire".