Gustavo E. Barbarán
La “Cuestión Malvinas” ha estado presente de directa o indirectamente en varias de nuestras columnas. En esta ocasión recordamos la publicada en el nº 42 de Claves -abril de 1996- bajo el título “La seducción como recurso de política exterior”, en que referíamos los despliegues del ex canciller Di Tella para ganar la confianza de los isleños. Entonces, y sin ánimo profético (pues era fácilmente perceptible), advertíamos que nuestro país había perdido la iniciativa y debíamos centrarnos en la problemática de los espacios marítimos [1]. En el epígrafe de esa nota, transcribimos aquella famosa definición napoleónica (de G. B. Shaw en El hombre del destino), acerca del carácter de los ingleses que termina así: “[…] una nación que permite a su deber entrar en pugna con sus intereses, está perdida”.
El siglo XX fue un periodo de graves contradicciones y marcados contrastes. Durante tres cuartas partes de aquella centuria, la gran mayoría de los países del mundo estuvo regida por gobiernos autoritarios y dictatoriales; emergieron los grandes totalitarismos y -excepto en las últimas dos décadas- la democracia fue un sistema político minoritario y marginal.
En noviembre de 2010, el ensayista Zvetan Todorov estuvo por primera vez en Buenos Aires. Llegó invitado a exponer sobre “Barbarie, civilización, cultura”. En 2008 había publicado en Barcelona “El miedo a los bárbaros”, libro que entonces reseñó y actualizó ante un auditorio argentino.
El gobierno de Salta nos sorprende a diario con la invención de cada vez más novedosas y sofisticadas "políticas de Estado". Es difícil encontrar por estos días a algún funcionario capaz de resistir a la tentación de decir que el área administrativa que gestiona -por minúscula e insignificante que ésta sea- se encuentra desarrollando ambiciosas e importantísimas "políticas de Estado".
El triunfo del militar Ollanta Humala en Perú ha causado cierto estupor en Europa, no tanto por ser de izquierdas, que al fin de cuentas son en nuestra actualidad un efecto político incrustado en todas partes de modo diferenciado, sino por su, al parecer, proximidad a la política y actitudes de Hugo Chávez, que lidera una orientación revolucionaria a través de los mecanismos democráticos y pretende, con cierta eficacia, extender su influencia en toda América latina.
Como contribución a las reflexiones de mi buen amigo Armando Caro Figueroa en relación con la concentración de jóvenes instalados sin solución de continuidad desde el 15 de mayo en la plaza Mayor de Madrid, un espacio extenso, convergencia de turistas y españoles que suelen disfrutar de esta plaza señorial y tradicional de la cultura popular madrileña. Así, pues, no es mi propósito reiterar el apropiado análisis que realizó Armando Caro Figueroa de la situación y causas eficientes de este movimiento que despertó tantas adhesiones desde el primer día, sino, analizarlo desde sus perspectivas ideológicas, estructuras y prácticas. Su vinculación con España y su permanente actitud crítica de los resultados políticos actuales lo llevaron y con razón a explicar desde Salta lo que ocurre en Madrid y hacerlo con el fundamento de su larga estancia en este país europeo. Yo contribuyo con mi presencia de más de tres décadas viviendo en él.
La vejez fue alabada por los antiguos griegos y romanos, árabes y persas. La importancia de los ancianos en la sociedad fue enorme; representaban el tesoro de la memoria y “guardaban” los descubrimientos de los grupos humanos en épocas en que no había escritura para archivar la memoria y la mayoría de la gente no sabía leer. El senador (senior, mayor, el más viejo) tenía el prestigio de la experiencia vital acumulada, de la madurez, del sosiego. La gente confiaba en su liderazgo; la edad era un criterio objetivo de autoridad.
El pasado 12 de octubre, como todos los años, en España se festeja el Día de la Hispanidad, y es habitual conmemorarlo con un desfile de soldados de las tres armas. Estuvieron presentes las más altas autoridades del país. Como también es habitual, la gente allí presente o parte de ella, año tras año aprovechan el encontrarse a cien metros o más del Presidente Rodríguez Zapatero para abuchearlo y exigirle a gritos que se marche del Gobierno.
La CGT oficialista acaba de sorprender a la opinión pública auspiciando un proyecto de Ley
El combate contra la exclusión social requiere, como condición previa, la más plena difusión de los valores de la ciudadanía; es decir, requiere que los excluidos -antes de los derechos sociales- disfruten de sus derechos políticos, en plenitud y sin restricciones.
Un joven funcionario de Salta ha venido matizando mis mañanas con unos tweets en los que anuncia -para él y para los suyos- un día 'pletórico de militancia'. Aún no he tenido tiempo de felicitar al joven funcionario por dedicar su tiempo y sus energías a esa tarea tan ilusionante que -yo supongo- debe ser la dichosa militancia.