Luis Caro Figueroa
Algunos viejos amigos todavía recuerdan, con una mezcla de melancolía y de asombro, los alocados experimentos tecnológicos que, durante casi dos décadas, tuvieron como excusa y escenario a la caótica estación de radioaficionado de mi padre, instalada en Cerrillos. Aquellas experiencias -que hoy sólo es posible reconstruir arqueológicamente- han recobrado una inesperada vigencia a causa de la reciente universalización de la Internet como fenómeno de comunicación interhumana.
Corremos el riesgo de tramar una historia sin memoria, dibujando un pasado carente de soportes, librado a los abusos de la imaginación personal interesada, o confiado a la manufactura manipulada y politizada de memorias colectivas cortadas a medida y al gusto del poder.
Si no hubieran ocurrido el 6 de septiembre de 1930, el 4 de junio de 1943, el 16 de septiembre de 1955, el 29 de marzo de 1962, el 28 de junio de 1966 o el 24 de marzo de 1976… La historia Argentina está plagada de “si no hubiese…”. Lo ocurrido a lo largo del siglo XX nos marcó a fuego como sociedad y terminamos casi siempre con las manos vacías o, dicho de otra manera, con el edificio a medio construir y echando culpas a diestra y siniestra. En todos los casos, la indiferencia de los mirones detrás de las ventanas fue peor que la miopía de los complotados. ¡Qué cosa inmanejable nuestra política!
Los padres de la mayoría de los principales líderes de la lucha para lograr la independencia de América habían nacido en España, donde comenzaron sus carreras ocupando cargos administrativos de designación real. A su buen desempeño se añadió la ambición de ascender dentro de la burocracia de ultramar y, por esa vía, poder incorporarse a las elites locales.
Nuestra ciudad de Salta se caracterizó, prácticamente desde siempre, por contar con casonas señoriales, muchas de ellas construidas honradamente y con buen gusto dentro de un estilo que fue imponiéndose como característico.
En 1829 Tomás Sánchez de Bustamante pidió que el gobierno de Jujuy reconociera deudas por ganado que le fuera confiscado durante la Guerra de la Independencia. Cuando se quejó por tal situación, un comandante le recomendó que “no se fatigase la cabeza con esas prolijidades, que el orden es el desorden”.
A comienzos del siglo XX, remando contra corriente, Rodolfo Rivarola (1857-1942) provocó reacciones por haberse propuesto someter a crítica uno de los pilares sobre los que se apoya nuestra Constitución: el federalismo. Desde el título, su libro Del régimen federativo al unitario (1908) parecía una provocación o, cuando menos, un error de imprenta.
Relato de un suceso real ocurrido hace 27 años en Salta
Los héroes y las tumbas también forman parte del presente. Las permanentes y renovadas demandas de reivindiación histórica parecen no tener fin. A la reciente ley por la cual Congreso Nacional otorgó al general Martín Miguel de Güemes la condición de "Héroe de la Nación Argentina", se añadirá un nuevo proyecto que prepara la senadora nacional Sonia Escudero (Partido Justicialista) en el que pedirá que el Congreso Nacional eleve a Güemes a la categoría de "Héroe Americano".
La Escuela de Manualidades de Salta fue creada por el gobernador Joaquín Castellanos, sobre la base de la ya existente Escuela de Tejidos, establecida por el mismo gobernador por decreto el 6 de septiembre de 1920.
A la divulgación de conocimientos se le adhirió, como una rémora, esa marca despectiva que, desde antaño, acompaña a lo vulgar. Con ligereza, se tendió a equiparar el trabajo de divulgación con falta de rigor, tosquedad de estilo, lugar común y ordinariez. La divulgación no sólo se percibe aún como lo opuesto a especialización y refinamiento: se presenta, además, como una degradación y una de sus más burdas negaciones.