Desde el 1 de febrero de 1997

Memoria de mujeres

Índice del artículo

A pesar de que Salta inaugura los relatos autobiográficos argentinos en el siglo XVIII , el capítulo de memorias tiene muy pocos exponentes. Después de "La tierra natal" (1886) y el libro póstumo Lo íntimo de Juana Manuela Gorriti, los dedos sobran para contar los relatos femeninos en primera persona. En los últimos años, sin embargo, aparecieron tres libros de memorias de mujeres salteñas pertenecientes a algunas de las familias más antiguas de la élite local:

Carmen Rosa San Miguel Aranda. Mi niñez. Recopilación y Complementación de Carmen San Miguel de Morano. La Plata, Dei Genitrix-Colectio, 1999. 147 Pág.

- Zulema Usandivaras de Torino. De la pizarra a la Computadora. Salta, Editorial Hanne, 2000. 137 Pág.

- Margarita Patrón Costas de López Lecube. Mis memorias. Edición de la autora, fuera de mercado. Buenos Aires, 2001. 600 Pág.

Carmen Rosa (1898-1986) pintora de retratos, soltera, escribe un cuaderno que es hallado después de su muerte. Zulema (1914) escritora desde alrededor de sus 70 años, casada, ordena sus recuerdos siendo ya octogenaria. Margarita (1920), casada, después de colaborar con un biógrafo de su padre, Robustiano Patrón Costas, es animada a escribir sus propias memorias.

En el caso de Zulema Usandivaras, la única escritora profesional de entre las tres, el mencionado libro se suma a otros anteriores que también hacen memoria, como Un tiempo que yo viví (Salta, 2ª edición, de la autora), La casa de los abuelos (Salta, Edición de la Fundación de Canal 11 de Salta, 1994), y el conjunto de sus novelas, todas ambientadas en la Salta de antaño, que aportan innumerables elementos para reconstruir la vida provinciana.

El objetivo de este trabajo es primordialmente historiográfico: llamar la atención sobre el valor de estas memorias como fuente para los estudios no sólo sobre mujeres, sino sobre múltiples aspectos de la historia de la vida cotidiana: de la educación, las familias, el servicio doméstico, los juegos, la comida y otros consumos, las mentalidades y tantos otros, inclusive de la economía y la política, temas secundarios pero no ausentes. Por cierto, pueden ser objeto de la historia específica de los relatos biográficos como estudio de la introspección y el sentido de sí mismo. Constituyen además un aporte ineludible para la comprensión de las dificultades de la sociedad salteña para conformarse como tal.

Caben pocas dudas sobre la importancia de los relatos autobiográficos cuya historia es "una de las fuentes de información más valiosas", según Karl Mannheim. Adolfo Prieto, que lo cita al comienzo de su libro La literatura biográfica argentina , limita su inventario de salteños que relatan su vida a sólo cuatro: Dámaso de Uriburu, Carlos Ibarguren, Ernesto M. Aráoz y Alberto Delac. Todos hombres. Es notorio que quedan fuera Juana Manuela Gorriti y, más allá de la narración, aquellas escritoras de poemas que "dejan entrever los pliegues de su vida interior", y también el indefinido número de "ocultas escribientes de cartas nunca enviadas y de diarios íntimos que ellas llevaron consigo a sus tumbas". Como plantea un crítico, cabe preguntar si, de haber permanecido en Salta, Juana Manuela hubiera escrito en tono intimista. "O, para ser más duros aún: ¿hubiera escrito?".

Porque si bien no es muy abundante la literatura autobiográfica argentina en general, la escasa producción femenina en este rubro tiene que ver con "la larga asociación de la mujer con el silencio", como dice Nannerl Keohane. Excediendo en mucho la necesaria prudencia y la discreción, la cultura patriarcal "instruye a las mujeres a permanecer en silencio ante los hombres. Se asocia el silencio con la modestia, la pureza, la virtud femenina".