Desde el 1 de febrero de 1997

Sergio Santillán Cabeza - Segunda parte

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¿Cuáles son las principales diferencias entre el modelo sindical español y el de otros países europeos?

Santillán representa a UGT en el Comité Económico y Social EuropeoLos sindicatos europeos han tenido también un papel muy importante en la consolidación del Estado del Bienestar que se produjo en Europa con posterioridad a la Segunda Guerra Mundial. También en el caso europeo, las fronteras ideológicas ya son cada vez más tenues. Incluso sindicatos como los británicos, que tenían una tradicional y fuerte vinculación histórica con el Partido Laborista, siguen teniendo alguna vinculación orgánica (por ejemplo, ahora van a intervenir en una parte de los votos para elegir al nuevo Primer Ministro laborista, que reemplazará a Tony Blair) pero los vínculos también son más tenues que en el pasado. Los sindicatos británicos eran la base fundamental en el plano económico del Partido Laborista y además tenían una parte sustancial de los votos en los congresos, cosa que ahora ha disminuido.

En otros países de Europa, que no tienen esquemas laboristas sino socialcristianos o socialdemócratas la situación es sustancialmente la misma. Hay notables diferencias entre países como Francia, que tiene muy baja tasa de afiliación, y los países nórdicos que tienen una tasa de afiliación mucho más elevadas. Pero en línea generales, las líneas en las cuales ellos se han movido son las de preservar una cierta autonomía del sindicato frente al poder político. Aquí no es habitual que los sindicalistas ocupen cargos en el Parlamento. Es muy raro. Si deciden realizar una actividad política, cosa que ocurre con alguna frecuencia, dejan totalmente los cargos en el sindicato y en muchos casos los dejan para siempre. Pueden seguir vinculados al sindicato, pero ya no tienen ningún cargo con capacidad de decisión.

En virtud de ese criterio más prescindente de los partidos políticos (aunque sigan manteniendo su ideología) es impensable que le hicieran a un gobierno catorce huelga generales, como le hicieron a Alfonsín, simplemente porque no es de su agrado.

La política de pactos sociales, que es tan característica de la evolución española, la practicaron algunos países de Europa también pero a través de otro tipo de vías, que no siempre eran coincidentes. Pactos sociales se firmaron algunos en Italia. En Alemania no se firman porque no es habitual. Pero ellos establecen otro tipo de concertación con el gobierno. Y en todos los casos hay un parámetro general: el sindicato ofrece la paz laboral, la disminución de la conflictividad social y requiere a cambio la consolidación del Estado del Bienestar y mejoras para los trabajadores. Éste es un esquema básico.

¿Cuál es tu opinión acerca del modelo sindical argentino?

Tengo que decir que en Argentina hay una situación absolutamente anómala e insostenible en el mundo actual, que es una legislación que le concede el monopolio sindical a determinadas organizaciones. Ésta es una legislación que viene de la época de Perón (Brasil tenía una similar establecida por Getulio Vargas) pero que corresponde a otros tiempos. Actualmente es claramente incompatible con los convenios de libertad sindical de la Organización Internacional del Trabajo (los Convenios 87 y 98) y es incompatible, en realidad, con un Estado verdaderamente democrático.

Por lo tanto, mientras Argentina no encare con total decisión el establecimiento de un sistema de libertad sindical como tienen todas las democracias, su sistema sindical será siempre una verdadera anomalía.

Acercándonos un poco a nuestra Provincia, ¿cómo ves el presente de Salta?

En cuanto a la Provincia de Salta, es difícil dar un panorama en pocas palabras. Además aquí se mezcla la cuestión afectiva con una comprobación de la realidad.

Yo siento un enorme cariño por mi ciudad y por mi Provincia y por tanto siempre tiendo a verla con ojos favorables. De todas maneras, la realidad que me sorprende de Salta, después de haber vivido tantos años en Europa, es el alto índice de pobreza que existe. Por las partes que yo visito, en los viajes que hago (que desgraciadamente son breves) y por lo que otras personas, sean familiares o amigos, me refieren, la situación en algunas zonas de la Provincia de Salta es tremenda.

Me impacta profundamente el grado de desigualdad en el reparto de la riqueza y el alto índice de pobreza, la carencia que tienen las escuelas, los hospitales públicos y los servicios públicos en general, que me parecen deficientes.

Junto a la estatua de Pablo Iglesias, fundador de UGTMe da una gran tristeza comprobar todo eso, porque creo que aunque no es un problema exclusivo de Salta, es toda la Argentina la que tiene unas carencias tremendas. Me da mucha tristeza porque Argentina puede y merece tener un futuro mucho mejor que el que tiene ahora. Visto desde Europa, nadie puede comprender cómo tiene problemas alimentarios – niños con desnutrición – un país con la capacidad de producir alimentos como la Argentina.

Al contrario de lo que piensa mucha gente y de lo que dicen constantemente las fuentes oficiales yo no creo que la decadencia de Argentina sea una conspiración tramada desde el exterior. Antes el gran culpable era una difusa Sinarquía y ahora lo es el Fondo Monetaria Internacional, la gran bestia negra. En realidad, todas las decisiones que se adoptaron en Argentina desde el fin de la dictadura militar (que le causó un terrible daño al país) la adoptó la dirigencia política libremente. La decidió ella y la aprobó el parlamento. Todos y cada uno de los actos, incluido el disparatado endeudamiento que la llevó a la quiebra. El Partido Justicialista y la Unión Cívica Radical (en ambos casos, sus representantes hablan generalmente como si nada hubieran tenido que ver con lo que catástrofe que generaron) tiene una enorme responsabilidad en lo que ha ocurrido en Argentina.

A tu juicio ¿se debería acometer una reforma política profunda en la Argentina? ¿Cuáles serían las bases de esta reforma?

Sobre esto se podría hablar largo tiempo. Para ser sintético daré mi opinión en breves términos:

Creo, en primer lugar, que la reforma política es imprescindible. Por ejemplo, hay que revisar la estructura federal de Argentina, que es contraria al interés general. El país no puede funcionar con 23 políticas educativas, 23 políticas medioambientales, 23 políticas de transportes, etc. En mi opinión, las legislaturas provinciales en su estructura actual hay que eliminarlas porque son tremendamente caras y no cumplen una función social. Órganos deliberativos en los que estén representados los intendentes municipales – que son tan representantes del pueblo como los legisladores – y que se reúnan dos o tres veces por año para tratar las grandes cuestiones puede cumplir perfectamente la función de una democracia representativa. Ello conllevaría eliminar todo el maremagnum de dietas, pensiones de privilegios y otras prebendas que existen actualmente.

En segunda lugar, pienso que una reforma política sólo es tal si es estructural, de fondo. Cuestiones como, por ejemplo, la eliminación de las listas sábana son importantes pero no decisivas. Una reforma en serio implicaría darle al Parlamento la función que debe cumplir en una democracia y que ahora no cumple porque el presidente gobierna por decreto y crear un Tribunal Constitucional, entre otras cosas.

Y por último, me parece que en las demandas de reforma que se producen en Argentina hay un error de base. Les piden a los políticos que hagan la reforma. Está claro que nunca la harán porque son los beneficiarios del sistema. En el Parlamento hay 45 proyectos sobre esto que están guardados en un cajón porque no tienen el menor interés en debatirlos.

Sólo se producirá una reforma si hay un movimiento ciudadano, cívico, pacífico, democrático, masivo y al margen de los partidos políticos que lo exija de manera clara y rotunda. Si les pide permiso a los que deben ser reformados nunca habrá reforma.