Iruya.com
Esta vez no le ha tocado al diario de Salta. La fuente de la noticia hilarante es www.infobae.com, que sorprende hoy a sus lectores con una curiosa definición de lo que podría llamarse belleza pública. Citando a La Voz del Interior, el medio porteño habla del hallazgo de unas prendas íntimas conteniendo "bello público". Lo cual encierra una dramática contradicción. El siguiente recuadro habla por sí solo.
A finales de los años sesenta, el sacristán de una céntrica iglesia de la ciudad de Salta, acudió con unos amigos a uno de los tantos prostíbulos que por aquella época poblaban las oscuras calles del bajo salteño. Al salir del local, el sacristán advirtió que había dejado olvidado, junto al lecho de la profesional que lo atendió, un pesado manojo de llaves, que contenía las llaves de su casa -que no era otra que la misma iglesia- más las de todas las puertas del convento anejo. Al intentar reclamar su llavero, la meretriz dejó paso a un enorme proxeneta que con malos modos se negó a devolver al desesperado cliente su legítima propiedad.
El ser humano, y gracias a los límites de su conocimiento cada vez más enraizado en los avances científicos, elogiables sin duda alguna, deshecha, parejamente, toda cuestión que pretenda escurrirlo fuera de su cápsula donde se desempeña con fluidez haciendo la vida serena y lentamente, cuando las contingencias se lo permiten. Lucha contra la adversidad y cuando la destruye, vuelve velozmente a un “estar” placentero que ante la ausencia de problemas se lo puede permitir. Nadie está obligado a dedicar parte de su serena soledad a pensar; siempre habrá alguien que lo haga.
Los porteños dividen el mundo en tres: la capital, el interior y el exterior. Lo más curioso es que han hecho de estas expresiones unas categorías fijas, y las han convertido en una interpretación universal de las relaciones entre los territorios. Así por ejemplo, es imposible que en una mentalidad cuadrada por estos preconceptos quepa el hecho de que ciudades como Madrid o París se encuentren en el "interior" de sus respectivos países.
Que las crónicas policiales de El Tribuno -aun las más serias- hacen gala de un fino humor, no es novedad. Quizá se trate de un recurso piadoso que emplean los redactores para hacernos más llevaderos o pasables algunos sucesos que, de por sí, suelen ser bastante desagradables. O quizá constituya una forma solapada de ajustar cuentas con reos, jueces y policías, los que no muchas veces salen bien parados en las narraciones que proponen aquellos cronistas.
A lo largo de las dos últimas décadas se ha venido produciendo una curiosa convergencia entre dos libertades fundamentales de los sistemas democráticos: la libertad de prensa y la libertad de expresión. Pocas dudas hay, a estas alturas del desarrollo científico-doctrinal de los derechos humanos, sobre que se trata de dos libertades con principios, contenidos y ámbitos de aplicación diferentes.
En muy mal momento ha estallado la polémica futbolística en torno al llamado Bidón de Branco. Nos referimos a la supuesta trampa en que habría incurrido la dirección técnica de la Selección Argentina de fútbol al enfrentar a Brasil por los cuartos de final de la Copa del Mundo de 1990. En mal momento para la Argentina, que nunca ha necesitado de ''picardías'' de semejante gravedad para inscribir su nombre bien alto en el firmamento del fútbol. Y en mal momento también para Brasil, desde luego, no sólo porque es el vigente campeón del mundo sino porque a sus intereses deportivos y económicos en nada favorecería la ''reapertura'' de lo ocurrido en Mundial del Italia.
Es frecuente leer en la prensa salteña expresiones tales como "fulano de tal le propinó un puntazo" o "joven herido de un puntazo por su pareja. Sin embargo, la palabra puntazo no designa, como muchos creen, el golpe dado con la punta de algún objeto o arma, o una agresión. Puntazo es, según el Diccionario de la Lengua, la herida (hecha con la punta de un arma o instrumento punzante). Es sinónimo de punzada, palabra que es definida también como la herida ocasionada por la punta de un objeto.
El Barcelona, mejor equipo de Europa, líder más claro, conjunto más veloz, y que practica el más prístino fútbol europeo, de vértigo y tiralíneas, ha sucumbido frente a un hatajo de suramericanos sin historia conducidos magistralmente por el "lento" Juan Román Riquelme. Esta lección de fútbol tuvo como escenario el estadio de El Madrigal, en la levantina ciudad de Villarreal. Allí, en su equipo de fútbol, militan, entre otros, seis argentinos, un uruguayo, un brasileño, un boliviano y un mozambiqueño, bajo la batura de un ingeniero chileno al que nadie por aquí conocía.
1.- Los alcances de esta nota se restringen al análisis desde una perspectiva ético-jurídica, del comienzo de la personalidad del "nasciturus extracorporis", es decir, de la persona por nacer cuando es fruto de una fecundación extracorporal. En consecuencia queda excluido el estudio de un vasto espectro de problemas jurídicos originados en el revolucionario avance de la ciencia en materia de fecundación asistida en general, como es el caso de la inseminación artificial corporal,', 'o cuestiones vinculadas con el Derecho de Familia (calidad de la filiación y acciones de estado, maternidad subrogada, etc.) o con el Derecho Penal (posibilidad de configuración de figuras penales por descarte o destrucción de embriones fecundados) o la procedencia de las manipulaciones genéticas y sus límites, etc. Reiteramos que nos detenemos exclusivamente en el tema del rubro, con la Teoría General de las Personas, que integra el contenido de la Parte General del Derecho Civil.
¿Qué es lo que aprendemos cuando aprendemos un lenguaje?
La visión íntima de la muerte suele ser psicológica; ostenta como un miedo insuperable causado por la ignorancia acerca del más allá. Las religiones suelen apaciguar la angustia generalizada mediante garantías de premio y castigo del alma conforme haya sido la conducta personal y social de requerido por su Creador para que abandone este mundo. Todo es pura psicología, y de provecho no discutible. Aliviar la pesada carga de una partida sin rumbo conocido no deja de ser una acción misericordiosa. Los descreídos, sin embargo, lo tienen más desgarrador. Mantienen en todo momento su indestructible creencia en que tras la muerte nada queda como no fuere la aniquilación física del componente corporal del ser humano, sin ninguna consideración especial para su alma que, según se puede colegir, para los a-gnósticos perece juntamente con el cuerpo. La inmortalidad del alma significa para el ateo o para el a-gnóstico de cualquier grado, nada, absolutamente nada.