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Eulogia salta la tapia, y se golpea la cintura... Así cantaba el Yogur, aquel personaje del riojano Mariano Moreno, cuando parodiaba la célebre zamba de Manuel J. Castilla y Gustavo Leguizamón. En los viejos cassettes de el Yogur debe haber abrevado el cronista de El Tribuno que relata el parto múltiple ocurrido en el corral de la pomeña Eulogia Tapia, personaje central de la bella zamba salteña.
Ingredientes: (para 18 platos)
Versión de Pepe Guirro corregida
La historia de la gastronomía y del buen comer en Salta no podría escribirse sin dedicar un capítulo especial y destacado a la despensa que hizo historia en el comercio salteño: la de Juan Hannawy, en la esquina de las céntricas calles Mitre y Santiago del Estero.
Muchos se deben haber preguntado sobre las circunstancias que dieron lugar a la invención de este particular instrumento musical, y pienso que la mayoría no dudaríamos en ubicar su origen en alguna región del altiplano peruano-boliviano, en la época colonial. Sin embargo, esto no fue así.

A finales de los románticos y quiméricos años sesenta, Lamparita Cruz destacaba como un potente delantero que paseaba su fina estampa goleadora por los terrenos de juego de Salta. Al comando del ataque del Club Atlético Mitre y enfundado en la ceñida camiseta rojigualda -inconfundible divisa del llamado ciclón salteño- Lamparita solía arrancar cerradas ovaciones y olés de las despobladas gradas del estadio; le bastaba para ello con quebrar su ancha cintura y dejar desairado en el camino a cuanto rival osara interponerse entre él y el arco contrario. Sus movimientos eran lentos, fantasmagóricos, como los de un felino al acecho, pero contundentes y, sobre todo, efectivos.
Al final del carnaval, Cerrillos parece una tierra arrasada. Los ecos de la gran fiesta ya se han apagado largamente, como los de una triste letanía que va escurriéndose entre los cerros de la quebrada. Pero en el aire de la Villa de los Tarcos aún flota una nube espesa de vapores carnestolendos que parece levantarse desde la superficie yerma de los predios en donde, poco tiempo ha, se erigieron las famosas carpas y fondas cerrillanas.
Corremos el riesgo de tramar una historia sin memoria, dibujando un pasado carente de soportes, librado a los abusos de la imaginación personal interesada, o confiado a la manufactura manipulada y politizada de memorias colectivas cortadas a medida y al gusto del poder.